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Entrevista. Sergio Maldonado

"Santiago estaba donde quería estar, con la gente que quería y donde lo creía justo"

“Nosotros pedimos que se aclaren puntos de la autopsia y el juez dice que no. Eso pasa porque estamos denunciando a todo el Estado”, explicó la abogada Verónica Heredia, luego de acompañar a Sergio Maldonado a presentar una ampliación del expediente. Pocos días antes de que se cumpla el primer aniversario de la desaparición forzada y posterior muerte de Santiago, Sergio oscila entre el espiral burocrático de la causa –cuya investigación aún no comenzó–, la rutina invisible y el legado de su hermano. En una charla diferente, Sudestada conversó con él en un café a metros de la Corte Suprema de Justicia.

–Tus días antes de que se encuentre el cuerpo de Santiago, ¿cómo eran?
–Una locura. Me despertaba a las 6 de la mañana. Dormía dos horas, o tres o una. Iba desde Bariloche a Esquel, con una distancia de 300 kilómetros. Llegó un momento en que pasaba quince días en Esquel con todos los medios de comunicación encima. Trataba de laburar, pero no me daba la cabeza.



Sergio apoya su gorra verde sobre la mesa, se saca la bufanda y, a la llegada del mozo, pide un cortado "mitad y mitad". Con una timidez que se evaporará a lo largo de la charla, esboza los primeros matices de su rutina. Actualmente, la justicia no inició las investigaciones pertinentes: la causa por la desaparición forzada y el asesinato de Santiago parece no existir. Un sinnúmero de cómplices del crimen niega su responsabilidad e intentar justificar el accionar represivo de Gendarmería.
–Nos contabas que fabricás saquitos de té y que tenés una empresa...
–Sí, pero todo lo que diga de mi laburo es para que me salgan a pegar. Hay gente que me acusa de vago o de usar la muerte de mi hermano para favorecer el negocio. No aparecí acá por lo que hago, sino por una desgracia.
–Nos cuesta hacer esta entrevista. Nos preguntamos cómo encararla sin perder nada esencial y ser justos con el proceso.
–Yo les voy diciendo y después van armando, porque les voy a hablar en crudo como si estuviésemos tomando un café.
–Acá, en Buenos Aires, mucha gente te recibe como si fuera tu casa. Aún así, ¿persiste el sentimiento de extranjero?
–Yo tengo dos vidas. Me siento como si fuera un tipo con una familia en cada lado. Acá vengo y me reúno con un montón de gente con la que jamás hubiera imaginado hablar o compartir un asado. No lo hubiese buscado. Soy muy anticholulo. Que Adolfo Pérez Esquivel vaya a mi casa y me llame por teléfono –más veces de las que yo lo llamé– para ver cómo estoy me sorprende. A Norita Cortiñas la veía en la calle y, por vergüenza, no me acercaba. Una sola vez saludé a un nieto recuperado en Bariloche. Me emocioné y le di un abrazo. Ahora estoy en un ambiente que no sé si me corresponde. Trato de volver a la vida que tenía antes y no está. Lo que hacía: visitar clientes, trabajar, andar en moto o ir a jugar al fútbol, desapareció. Por seguridad no agarro la moto para ir al norte como hacía antes. No siento ni la tranquilidad, ni el placer. Cuando juego al fútbol el cuerpo va para un lado y la cabeza para el otro.



Sergio vive en Bariloche desde que tiene 18 años. En 2002, y como consecuencia de la crisis, el tejido y los trabajos en cuero se convirtieron en su trabajo. Además de Santiago, tiene un segundo hermano: Germán, que vive en 25 de mayo, estudió Historia, tiene 39 años y es programador. El resto de la familia se conforma por su padre (73), su madre (66), una abuela (83) y algunos primos esparcidos por Buenos Aires.
Al repasar su juventud, la época en la que vivía junto a su familia en la zona oeste del gran Buenos Aires, recuerda cuando iba a ver a Deportivo Morón (a pesar de ser hincha de Boca e ir a la cancha de San Lorenzo), y las escapadas al bolichito de Varela.
En 1998, tuvo un accidente en Ushuaia del cual se salvó milagrosamente. Fue por eso que, junto a Andrea Antico –su compañera desde hace 24 años–, optaron por irse a vivir a Bariloche.



–Viajar era algo que los unía mucho con Santiago...
–Todo lo que ganaba lo gastaba en eso. Por ejemplo, en 2001, antes del corralito, vendí todo y nos fuimos de viaje. Paseamos por Alemania, Austria, Italia y España. Viajar abre la cabeza y te genera un montón de cosas. La primera vez que fui a Dinamarca –creo que en 2014–, hice también Suecia. Y en 2016 fui a Noruega, Estocolmo y Malmö. Fui dos veces, por una serie sueca que me gusta mucho: Broen (El Puente). Soy fanático de las series suecas. Había un montón de cosas más para ver, en vez de ir a la estación de policía de Malmö. Pero yo quería ver eso. En Nueva York visité el edificio de Los Cazafantasmas y en Croacia fui a donde se filmó Game Of Thrones.
–Además de la serie, ¿leíste los libros?
–Sí, me encanta, pero no tengo paciencia para leer tanto. Me gusta que me cuenten. Andrea es de leer mucho. Me lo cuenta y yo hago de cuenta que lo leí. Me encantaría hacerlo yo, pero soy muy ansioso y no tengo tiempo. Leí El Arte y Estrategia de la Guerra de Sun Tzu o El Hombre Mediocre de José Ingenieros. Son más los libros que me relata Andrea que los que yo leí.
–¿Y Santiago qué leía?
–No lo sé. Pero sí sé –porque yo se lo regalé– que su primer disco fue Valentín Alsina de 2 Minutos.



***



Además de esta entrevista, Sergio tenía una jornada muy extensa: la presentación en la Corte Suprema, la visita a Télam –para bancar la lucha de las y los trabajadores despedidos–, otra entrevista más, una charla en la Casa de Abuelas y la asamblea de Músicos Organizados, cuyo objetivo era protestar contra la ley de la Ciudad que prohibirá la música en la calle.
Sergio demuestra, con una coherencia política envidiable, que esta unificación de los reclamos no es algo casual. "Me tocó estar en la calle siendo artesano. Que venga la policía, me saque la mercadería y me haga una multa –comenta, mientras moja una galletita en el café– Tampoco soy músico. Ojalá lo fuera, pero Santiago y mi otro hermano Germán sí".



–¿A qué se debe esta unificación de los reclamos y que estés presente en tantas luchas?
–Voy a lo que está relacionado con Santiago y que también es parte de lo mío. Si sacan el arte de las calles, te quitan la poca alegría que puede tener un sector de gente. Te joda o no, el que hace malabares en el semáforo se está ganando la vida; incluso está el que lo hace solo por amor, gratis. En el caso de la lucha por Télam, hay que reconocer que genera información más verídica que los tentáculos de Clarín o La Nación....


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada... ¿Por qué publicamos apenas un fragmento de cada artículo? Porque la subsistencia de Sudestada depende en un 100 por ciento de la venta y de la confianza con sus lectores, no recibimos subsidios ni pauta alguna, de modo que la venta directa garantiza que nuestra publicación siga en las calles. Gracias por comprender)

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Autor

Julieta Bugacoff

Autor

Federico Muiña