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Dossier

Villa Constitución, 1975. Memoria del fuego

El 20 de marzo de 1975, el gobierno de Isabel Perón lanzó una feroz represión contra los obreros metalúrgicos en la zona industrial de Villa Constitución. Uno de esos trabajadores, Roberto Kalauz, rescató esa historia en su libro Sentencia para un complot. 1975, Villa Constitución (Ediciones Lumiere). Su trayectoria como reconocido economista no impide que reivindique la pelea que dieron los trabajadores y que recuerde esa época como lo mejor que hizo en su vida.

Complot, según el diccionario de la Real Academia Española, es una "conjuración o conspiración de carácter político o social". Complot, según la ex presidente María Estela Martínez de Perón, es la organización de los trabajadores en busca de mejorar sus condiciones de trabajo y defender su derecho de agruparse sindicalmente. En el libro Sentencia para un complot..., Roberto "Pepe" Kalauz narra la historia de los hechos transcurridos en el año 1975 en la ciudad santafesina de Villa Constitución, cuando los oscuros integrantes de la "Alianza Anticomunista Argentina" (conocida como Triple A) reprimieron a cientos de habitantes de esa ciudad intentando evitar que continuaran sus luchas por las reivindicaciones obreras. ¿Qué pasó en Villa Constitución el 20 de marzo de 1975? ¿Fue un hecho aislado, producto de un mal día de la Presidente?

A principios de los años setenta, Villa Constitución -junto con algunos pueblos cercanos a Rosario- conformaba una zona de importantes fábricas metalúrgicas como Acindar, Marathon, Metcon. El humo de las chimeneas de esas fábricas era un símbolo de prosperidad y desarrollo, pero también un indicio de las pésimas condiciones laborales que sufrían los miles de obreros que las mantenían en funcionamiento. Kalauz se incorporó a Metcon en el año 1974, y recuerda cómo era trabajar allí: "Las condiciones de trabajo eran de terror. Nosotros hacíamos blocks de motores para la Ford, eso lleva un molde que se hace con una arcilla especial, se moldea con unas máquinas que están zarandeando ese polvo hasta darle forma y eso empieza a impregnar el ambiente. Entonces estás respirando un polvillo negro todo el tiempo. Eso es insalubre, y estábamos trabajando entre 8 y 12 horas. Además, los ruidos y el calor, porque todo es fundición a mil grados. Para llevar el metal desde el horno hasta el molde, se usa una cuchara. Y saltan gotas por todos lados, si te agarra una no se te va más. Todo te pica, la piel irritada con el polvo y el calor. Andábamos a los ponchazos consiguiendo guantes, y si había un herido, teníamos un botiquín pero no un hospital donde llevarlo rápido. Eran muy frecuentes los accidentes, eran condiciones de superexplotación"...

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)

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Autor

Carolina Uribe