Buscar

Invasión 88

Punk made in Argentina

Radiografía del disco que marcó un antes y un después en la escena punk local. Pero que también generó hacia el interior del movimiento la división entre "venderse" o "mantenerse fuera del sistema". En estas líneas, un recorrido por esos años y las voces de quienes grabaron y quienes decidieron quedarse afuera, una franja que separa a las bandas que consideran a Invasión 88 como un punto de despegue de aquellas que lo ven como el final del momento más puro del punk.

Es cierto que allí estuvieron representadas muchas bandas que, de no haber sido por ese álbum, jamás hubiesen tenido la oportunidad de aparecer discográficamente. Pero, indudablemente, esa época fue el final de la movida punk original. Fue el fin del momento más puro del punk, del menos contaminado". La sentencia fue dada por Daniel García, bajo y cantante circunstancial de uno de los grupos más importantes y radicales de los 80: los Alerta Roja, aquellos que con la voz de su cantante Mongo, gritaban el himno "Derrumbando la Casa Rosada".

Alerta Roja no está en Invasión 88. No habría compartido espacio con los Comando Suicida y su violento público. Sucedió que el nivel de compromiso en las canciones obligó a los chicos punks a plegarse y re direccionar una rebeldía que estalló, aun antes del retorno de la democracia en el 83, para encaminarse en direcciones anarquistas, nihilistas, nacionalistas, proletariadas o autogestionadas. Aunque, de un modo u otro, el "hacer todo ahora" fue la consigna en común.

Luego, cinco años más tarde, ante la posibilidad de edición de una radiografía real de la escena, la discusión se acentuó entre "entrar en el sistema", "venderse" y "darse a conocer"; y mantener una línea de conducta "auténtica", "independiente", con "control total" sobre la escena y su público. Y fue en ese momento que estalló la división, la fractura, la brecha que obligó a muchos a replantearse el camino elegido y llegar a asegurar que "el sueño punk había terminado".

El disco Invasión 88 marcó un antes y un después en la escena punk en la Argentina. Se trata del primer material que ofrecía de manera semi-profesional un compilado con bandas provenientes de distintas ramas a las que se puede ubicar con el rótulo punk rock -aunque muchas de ellas tenían poco o nada que ver y hasta algunas no sabían de la existencia de las otras-. Para quienes hicieron el Invasión..., la idea era sacar a la luz a un puñado de grupos que se encontraba en actividad en ese momento, tocando donde podían, e incluir a otros que habían sido pioneros. A la distancia, al disco puede vérselo como un hito que da cuenta de un sector de la cultura juvenil (el más revoltoso, contestatario, crítico y quilombero) que encontró acá un reflejo y una forma de expresión. Pero también se entendió al Invasión 88 como un intento de "apropiación" del punk criollo, en el que se daba lugar al lucro y en el que se enlató y vendió de aquella cultura sólo un costado: el "anarco-bardero".

Hoy, a 25 años de su edición, su aporte puede ser considerado como invalorable al reflejar una época, convirtiéndose en el único registro de varios grupos. Pero al mismo tiempo sigue generando rencores y odios. En este objeto de búsqueda y colección (vinilo transparente, estética de cómic underground, sobre plegable con info de bandas y hasta una "declaración punk") que se puede conseguir en Capital Federal por casi mil pesos, se depositan frases como "olvidable", "odioso", "no representa nada" o "no es auténtico".

Varias sendas, un camino

Después del Invasión... nada fue igual en el punk. La cosa fue más permisiva, ya que a muchos no les importaron las críticas y los rótulos de "vendidos".

"El movimiento punk ya estaba dividido, pero previamente a este compilado había más cohesión. Existían dos bandos: punks y skins. Después, la fractura se produjo dentro del punk mismo", consideró Patricia Gravinese, batera de Rigidez Cadavérica, banda que es parte del vinilo.

Hasta ese momento, el punk había tomado caminos irreconciliables pese a tener corta vida. Sucede que el ambiente ya se había tornado difuso, y entre los pelos parados a lo Sid Vicious habían aparecido las crestas moicanas tipo The Exploited, pero también se dejaban ver los primeros skaters, y las cabezas rapadas, cuando el Oi! (como se llamó al género musical relacionado con el movimiento skinhead en los 70) proletariado futbolero giró hacia un costado nacionalista. Escena también compartida con los primeros hardcores (straight-edge) y los metaleros enfundados como personajes de Mad Max, mucho antes de la propagación de los flequillos ramoneros ya de los años 90. La explosión de los tres tonos en la Argentina se abrió paso en forma subterránea y hambrienta, y creció en búsqueda de mayores influencias. Porque los Sex Pistols, The Clash y Ramones ya habían hecho detonar una bomba y muchos chicos entendieron eso del "hacelo vos mismo" (Do It Your Self - DIY) y salieron a encontrarse para formar bandas y hacer música que los sacudiera del denso ambiente social, encarnado por una dictadura militar en retirada.
La provocación de la imagen, guitarras distorsionadas sin ninguna virtud, las letras provocadoras y el amague constante del llamado a la desobediencia, prendieron en todo el mundo y aquí estuvieron Los Violadores. Pero ellos no estaban solos. Entre su público, estaban los de Los Laxantes, Los Baraja, Trixy y Los Maniáticos, Alerta Roja, DGI, Secuestro, entre muchos otros. Un puñado de medios de comunicación empezó a prestarle atención a este fenómeno protagonizado por noctámbulos vestidos, en su mayoría, de negro con alfileres de ganchos, inscripciones en sobretodos, borcegos militares y atuendos rasgados. Pero la mayoría lo hacía en las secciones policiales al dar cuenta del resultado de las razias.

(La nota completa en Sudestada Nª 119, junio de 2013)

Comentarios

Autor

Pablo Tassart y Sebastián Farías