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Cinestada

Un gol que hizo historia

Un documental recupera del olvido un episodio histórico: el único gol que convirtió la selección de El Salvador en los mundiales, en España 1982. Pero detrás de una accidentada competencia, irrumpe el pasado de un país desgarrado por una guerra civil que eligió, por un mágico momento, dejar a un lado la tristeza y unirse para gritar un gol inolvidable.

Cuando el plantel de El Salvador arribó a tierras españolas para afrontar el Mundial de 1982, se encontró con que el micro que debía transportarlos no tenía ni su nombre ni sus colores, tal como sí había sucedido con el de otras selecciones. El plantel comprendió que allí recién comenzaban las diferencias: los dirigentes de su país les entregaron apenas un uniforme, que tenían prohibido intercambiar con sus rivales porque no les quedaba otro para afrontar los compromisos restantes. Fue la última selección en llegar, dos días antes del debut. También, fue la que menor cantidad de jugadores llevó. Los hospedaron en un albergue, a una hora del estadio; y al momento de entrenar, no tenían balones disponibles.

Del otro lado del mundo, la guerra civil que protagonizaban el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y las Fuerzas Armadas Salvadoreñas no daba tregua. El paisaje era un país devastado. Pero finalmente llegaron. Era un Mundial. El rival: Hungría. El 15 de junio de 1982 era el debut, en el estadio del Elche y fue derrota. Dura, humillante: 10 a 1, nada menos. Hasta el día de hoy, la máxima goleada en la historia de los mundiales. El gol del descuento lo marcó Luis Ramírez Zapata, apodado Pelé. Y ése sería el único que convertirían los salvadoreños en un mundial. Aquel equipo que llegaba a la máxima competencia tras eliminar a México y a Canadá en el hexagonal jugado en Honduras, conformado por aquellos jugadores que recibían el comentario despreciativo de los periodistas aztecas -los llamaban los indios para rebajarlos-, y a los que acusaban de jugar con pelotas cuadradas; o que debían soportar el trato racista del por entonces astro mexicano Hugo Sánchez, quien los definía como "guerrilleros, muertos de hambre"; eran, en realidad, la mejor generación de jugadores que vistiera la azul. Estaban: El Mágico González, inventor de la culebrita macheteada -una especie de flip flap mediatizado años después por Ronaldinho-, la Chelona Rodríguez, el Pájaro Huezo, o el Mandingo Rivas, entre otros.

Esa tarde, a los húngaros les salió todo y a los centroamericanos nada. Los salvadoreños sintieron que les habían fallado a sus simpatizantes: fueron a jugar de igual a igual frente a los magiares, con valentía. Aquella valentía que tuvieron para salir cada uno de sus casas bajo la ley marcial y atravesar balaceras y emboscadas para viajar rumbo al sueño mundialista. La misma con la que entrenaban en medio del estallido de las bombas, de los cortes de luz, de la falta de agua. Pareciera que la historia de El Salvador fuese siempre trágica. Ese día, al menos, los ojos del mundo miraban hacia el país más pequeño de Centroamérica por un motivo mejor que registrar la guerra que sufría.

Días después, El Salvador enfrentó a Bélgica y el técnico de esa selección, Guy Thys, vaticinó que no iban a ser menos que los húngaros y que le iban a propinar flor de paliza a los salvadoreños. Ganaron los europeos por la mínima diferencia y Thys tuvo que disculparse por sus dichos. Después completó la primera fase frente a la Argentina de Maradona quien -como no podía ser de otra manera y fiel a su verborragia- afirmó que él solo podía meterle 11 goles al equipo cuzcatleco. Pero terminó 2 a 0 a favor de los conducidos por César Menotti, con un penal no cobrado para los azules y uno inventado para la albiceleste. El Diego, finalmente no convirtió. Paradojas del fútbol, Hungría no pasó la fase. Y el regreso del plantel a El Salvador fue tremendo.

Una película, un país

A mediados de 2008, el publicista salvadoreño Gerardo Muyshondt y el cineasta colombiano Carlos Moreno estrenaron Uno: la historia de un gol; documental que registra los acontecimientos previos a la participación del plantel salvadoreño y en el que tienen su lugar los testimonios de todos los jugadores.

Es el propio Muyshondt el que comenta cómo y porqué se decidió a filmar esta historia: "En principio, quería conocer a los que fueron los ídolos de mi niñez. Además, queríamos hacer una película que construyera un puente entre nuestra gente, que sigue dividida por problemas de índole social y política veinte años después de haber estado en guerra". El publicista agrega que la idea original "era rescatar de un episodio triste como fue caer goleado de esa manera -en definitiva, un accidente futbolístico- esto de que el equipo siempre estuvo unido; y que detrás hubo un pueblo que en medio de una guerra que duró doce años se paralizó para darle el apoyo".

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº 103 - octubre 2011)

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Autor

Walter Marini