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Adelanto

Isidro Velázquez. El último bandido rural

"Ya no está Isidro Velázquez,/ la brigada lo ha alcanzado,/ y junto a Vicente Gauna,/ hay dos sueños sepultados". Así comienza El último sapucai, el chamamé maldito escrito en homenaje al fugitivo más famoso del Litoral argentino. Isidro Velázquez. Rebelde hasta el final es una exhaustiva investigación que da cuenta de las andanzas del último bandido rural por estas tierras. Aquí, un adelanto exclusivo del libro de Pedro Solans, de próxima aparición.

1.¡Mataron a Velázquez! ¡Mataron a Velázquez! Repetía la mujer del carpintero José, mientras salían a la calle los vecinos. De rancho en rancho, de boca en boca, corría como reguero de pólvora la noticia en el pueblo viejo de Machagai.

Se enteró Bernardina, la China, Gómez y su corazón empezó a latir fuerte. Salió y vio que la gente estaba poseída por lo sucedido: Lo mataron en el cruce de Pampa Bandera. Murió peleando. Lo entregaron. Un sapucai le jugó una mala pasada. Esta vez, no fue un grito de triunfo.

La China entró a su rancho y vio moverse a Santa Catalina en el altar que había montado en su pieza.

-¿Qué pasó madre mía? Preguntó, arrodillada y con un rosario en la mano, con la mirada fija en la imagen de la santa de los descarriados. Parecía que lloraban las dos.

Los cuerpos de Isidro Velázquez y Vicente Gauna fueron expuestos como trofeos en las comisarías de Quitilipi y Machagai, donde una multitud hizo cola para verlos en cada dependencia. Algunos para constatar fehacientemente que estaban muertos, otros como desahogo al miedo que vivían; aunque también, sigilosamente miraban los callados, los sufrientes, los que fueron a orar por ellos.

Los cuerpos eran un muestrario de balazos y apenas unas hojas del diario El Territorio tapaban sus genitales, que daban la sensación de agrandarse a medida que transcurría el tiempo.

Mientras la noticia seguía extendiéndose, en Sáenz Peña decidieron que los restos serían sepultados en el cementerio de Machagai...

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº89 - Junio 2010)

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Autor

Pedro Solans