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Material exclusivo para la web (Febrero 2009)

Manuel Scorza: La máquina de soñar

(A partir de la iniciativa de Horacio Campodónico, un lector de Sudestada, reproducimos 3 reportajes (entre 1971-1974) a Manuel Scorza, el escritor, poeta y periodista peruano que supo retratar con agudeza fragmentos de la hisoria de su país y Latinoamérica)

Manuel Scorza: La máquina de soñar

Entrevista de Juan Carlos Martini

[Publicado en Confirmado, nº 321, 11 de agosto de 1971, Buenos Aires, pp. 46-49]

Volver a trepar por la memoria y escudriñar en el fondo de la verdadera historia. "Ahora es la hora de recostar un taburete a la puerta de la calle y empezar a contar desde el principio los pormenores de esta conmoción nacional, antes de que tengan tiempo de llegar los historiadores", había profetizado el discutido y fantasioso García Márquez. La literatura a manera de recapitulación, como si la pesadilla hubiese quedado atrás, fraguando la invención y la palabra, verbalizando los soportes invisibles de una realidad que, paradójicamente, nunca se detiene, hasta que un hombre, un escritor en este caso, protagonista y testigo, decide dejar su testimonio, desentrañar la feroz verdad de su tiempo y los hechos sucedidos.

Así lo entendió el peruanísimo Manuel Scorza (43 años, casado, padre de dos hijos), el novelista que en pocos meses acaparó la atención de millares de lectores, uno de los best-sellers más representativos del nuevo continente, ahora que ya ha llegado el instante de reconquistar la auténtica y justa dimensión de la fábula y la historia de América Latina.

Redoble por Rancas, la apertura de un ciclo de cinco novelas que detalla, bajo el título general de Balada, el genocidio de un pequeño pueblo en los Andes Centrales, "sólo visible en las cartas militares", es el punto inicial de las masacres llevadas a cabo entre 1950 y 1962 por el gobierno peruano, cuando los naturales del lugar se resistieron al fagocitante desarrollo de una compañía norteamericana. La templada voz de Manuel Scorza, que desde París responde al cuestionario de Confirmado, confiesa y reconstruye la sincera motivación de su relato, las aristas más lejanas y cercanas de la colosal aventura: "Fui azaroso testigo de esas luchas, y contemplándolas, una inolvidable tarde en que hablaron las ametralladoras, comprendí que asistía a una epopeya. Bruscamente recordé los relatos, rememoré las hazañas, recuperé las burlas, el coraje y la dignidad de esos hombres, infinitamente mejores a los débiles retratos que propone mi libro, y decidí escribir esta historia desde el punto de vista de sus protagonistas, ya inaccesibles a cualquier reparación".

* El hijo pródigo - De ascendencia indígena, Scorza considera que su apellido es sólo es un accidente que no ha podido localizar, tal vez un inmigrante que estigmatizó con nombre europeo su corazón de indio inviolable y genuino. De padre mestizo y madre india, el escritor peruano pasó su infancia en un pueblo indio, forjado, como el gigantesco Arguedas, en medio de la desdicha y la pertinaz voracidad del hombre blanco. Allí aprendió a comprender el más antiguo dolor de América, al silencioso y marginado habitante de esta tierra.

Por eso, la inquietud literaria de Manuel Scorza apunta hacia José María Arguedas más que el publicitado y difundido Vargas Llosa. Con el tiempo, "Vargas Llosa aparecerá como un antecedente y no como una conclusión", se anima a decir; en cambio "habiendo pasado la niñez entre los indios, y siendo el quechua su idioma natal, Arguedas logró descubrir un mundo de pasión, de nostalgia y de fuego donde el resto de la nación criolla veía la clásica impasibilidad india". En Redoble por Rancas es clara la intención de Scorza por atravesar el mundo que separa lo indígena y lo criollo, de volver a hablar de los fustigados campesinos aborígenes que se pierden en el anonimato y en el secreto de las montañas de América del Sur.

Es que también la fantasía -la literatura, por lo menos- es un medio de identificación ancestral y sanguíneo: "Siempre me pareció grave que alguno de los más famosos, lo que no significa que sean los más grandes, escritores latinoamericanos, sobre todo algunos play-boys internacionales, escribieran de espaldas a la realidad. Las dolorosas, las terribles convulsiones que vive América latina no han merecido la atención de muchos de sus novelistas más conocidos. Quien hojee algunos de nuestros libros célebres, ¿encontrará el dramático latido de un mundo desgarrado?".

* Pesadilla y realidad - "Yo creo que la novela es un espejo de su tiempo o no es nada -enfatiza Scorza-, pero como creo también que la novela es una máquina de soñar, un viaje por lo maravilloso, como la realidad es maravillosa y los ríos se detienen o los pájaros vuelan debajo de la tierra, y he asistido a bailes que duran siglos, y vivido en pueblos en donde se necesitan decenios para atravesar sus calles, resolví escribir una novela, fantástica y política, pero aboliendo la lógica y esculpiendo la realidad con el cincel del sueño". Lo mágico de una realidad, y no un mero procedimiento literario: Scorza se adelanta a las críticas o las preguntas que lo puedan asociar o confundir con el otrora realismo mágico, vencido y bastante viejo, del no muchas veces diplomático Asturias.

Quien escribe un libro, tal vez responde por su pueblo. Por eso a Scorza le preocupa explicar a Confirmado que no es él quien habla en su novela, sino un personaje colectivo. "El pensamiento de esos hombres sí es mágico. Por ejemplo, un hombre me dijo una vez cuando yo pasaba un puente: "Mire ese puente; en ese puente yo me volví invisible". Mi pensamiento era realista, pero el de ellos no. Todo en Redoble por Rancas parece fantasía -como la foto del Abigeo-, pero es real. Algún día reforzaré mis novelas con el testimonio fotográfico; algo de ese fantasmagórico material se lo envío a ustedes. Las cinco novelas cuentan cinco momentos de una lucha que duró en total cincuenta años, y de la que yo fui testigo accidental. Lo que nunca pensé es que mi libro tuviese tanta repercusión en el mundo. Yo escribí un libro para el Perú, y en Perú la gente habla todavía con los caballos. Casi diría que es una cosa frecuente hablar con un caballo".

El delirio de una novela en base al delirio de una realidad fantástica y fascinante. Traducido en poco tiempo a varios idiomas, el escritor peruano aclara los basamentos de su alucinante literatura: "Los europeos que nos traducen no comprenden bien que esta literatura de pesadilla es una literatura realista. Nuestra literatura, nuestra mejor literatura, se escribe moviendo los labios, prescindiendo de toda lógica y de todo orden. Por un error de compaginación me sucedió, por ejemplo, que el mismo personaje vivo dialogaba con él mismo, muerto. ¿Por qué no? ¿Por qué uno no puede estar al mismo tiempo muerto y vivo? Y lo dejé. Más: le llevé amigos debajo de la tierra. Y todos contentos".

* El llamado de la tierra - Sin embargo, nadie puede negar la continuidad de la cultura. Todo escritor trabaja con elementos heredados, se apoya mal o bien en el mensurado derrotero abierto por sus colegas, inducido o animado por pautas antropológicas y culturales, aunque la existencia personal de cada uno puede jugar un papel esencial en la significación o el estilo de una obra. "Hay libros que nacen de la literatura -rotula Scorza- y libros que nacen de la vida. Yo leo viciosamente, pero mis libros nacen de la vida. Más que Tolstoi, Dostoievski y Proust o las Mil y una noches, me influyó Agapito Robles, el personaje de El tamaño de la noche, el segundo libro de Balada, el día en que saltando de un caballo, también aterrado, me comunicó: "En Yanachicha se ha parado el río". Más que Joyce, que me aburre a morir, me influyó Remigio Villena, el protagonista de mi cuarta Balada, Los muertos no nos dejan vivir, cuando Tusi me dijo que acababa de hablar con el juez Palacios. Ese juez hacía quince años que había muerto".

Como si hubiese llegado la hora de reconquistar el verdadero grito de la tierra, la ancestral y justa tradición que olvidó el hombre de letras de este continente. "Nosotros, os latinoamericanos, hemos sido durante cuatrocientos años una cultura enajenada. Los europeos nos quisieron obligar a bailar de puntillas La muerte del cisne, pero nuestros enormes cuerpos primarios no cabían en estos trabajos de ballet. Europa se reía de nuestra torpeza, hasta que nos arrancamos ese disfraz y retocamos nuestra piel, nuestra monstruosidad, nuestro exceso. Estos animales han invernado cuatrocientos años. Ahora han despertado y comienzan a hablar: esto es la novela latinoamericana".

Retornar a los orígenes, contar nuestras vanidades, poetizar la infamia. "Creo que la potencia de nuestra narrativa nace de la potencia de la realidad. Nuestra novela es enorme porque nuestros crímenes, nuestros dictadores, nuestros terrores, son, igualmente, enormes. Cada pueblo tiene la locura que se merece".

* El exilio y el reino - Manuel Scorza, a orillas del Sena, con un océano musculoso cubriéndole parte de la distancia, no ha perdido a su tierra, ni deja de respirar los aires del Perú: "En París tengo una ocasión más tranquila de reflexionar sobre la realidad latinoamericana. No me puedo considerar exiliado porque he traído los mitos de mi país. Mi novela precisamente postula el retorno a la realidad latinoamericana. Lo grave es que la realidad política no se refleje en la literatura. He comprobado que dolorosos sucesos que han ocurrido en América latina no se encuentran tan fácilmente en los libros".

La acusación se hace más rigurosa: "Incluso parece que existía una especie de campaña sistemática de calumnia contra la realidad. Había y hay un conjunto de escritores que insisten en sostener que todo libro de denuncia es un libro decimonónico. No sé si es una forma astuta, o conjugada, o subvencionada, para desechar por anticipado toda literatura de testimonio".

Lo asombroso en Scorza es el camino del destierro. Apenas por cometer un error: tuvo la bendita desgracia de publicar un poema en el último número de un periódico político. "Yo creo que ha sido el poema más caro de mi vida. Además, era un poema malo. Casi diría que por un mal poema me gané el camino del destierro".

Antes de abandonar el Perú, Scorza no pensó jamás que, como poeta, desembocaría en la novela. Un absoluto silencio descansa aún sobre sus cuatro libros de poesía, aunque, entre otros elogios, mereciera el Premio nacional de su patria: su último libro, El vals de los reptiles, lo publicó el año pasado la Universidad de México. Ahora, pro primera vez, siente que ha logrado expresar su poesía, pero, paradójicamente, a través de la novelística.

Itinerario que, tal vez, le deparó el duro peregrinaje del exilio. Luego de transitar por varios países de América -entre ellos, Argentina-, ganándose la vida en menesteres ajenos a las letras, recaló por fin en París. Desde allí empezó a reconstruir sus propias vivencias, la memoria y el sueño, el mundo que le negaba la hospitalidad de vivir con los suyos. Había que comenzar a hablar y a escribir contra los escamoteadores, era el momento de conversar cara a cara con la realidad. "Yo que estuve en una epopeya real, la que vivieron los comuneros de mi país, estoy fundamentalmente contra los creadores de falsas mitologías. Por eso sigo estando en el Perú, aunque ahora permanezca en Europa. Además, si estoy en París es porque acá a uno no lo meten preso, ésa es la verdad".

La residencia geográfica sólo es, a veces, una engañifa. Profundo admirador de Arguedas, Manuel Scorza cree que vivir en París -como vivió Joyce escribiendo la mejor literatura irlandesa- puede ser una forma accidental que no invalida ni afirma nada. "Creo que cada escritor tiene su manera de afrontar la realidad; yo tengo el más hondo respeto por Arguedas, pero cada uno cumple con su deber. Uno puede vivir en su país y hacer, en cambio, una literatura extranjerizante".

* Perú al día - Claro que desde París se hace imposible vivir los sucesos al día y responder sobre la realidad peruana y su actual política, sobre estos nuevos acontecimientos que pueden decidir el destino de un pueblo. "Espero ir pronto, regresar al Perú y estudiar en el terreno la situación. Deseo ardientemente que mi país cambie. Yo escribí mi libro porque gente que era mejor que yo cayó en el campo de batalla, en esas masacres que detallo: Redoble por Rancas es un poco la memoria de eso. Por eso simpatizo con toda clase de cambio que acabe con el latifundismo peruano y que signifique una actitud de lucha contra el imperialismo norteamericano. Pero no puedo responder sobre la realidad peruana de hoy si no regreso a mi patria; no tengo otra alternativa".

Muchas veces, simplemente el tiempo agota la vigencia o las características de una realidad. "El mundo de Arguedas, por ejemplo, no existía cuarenta años después. Cuando fui a Cerro de Pasco me encontré con un tipo de indio combativo, un indio inmerso en una epopeya, distinto al de Arguedas".Héctor Chacón, el Nictálope, personaje de Scorza, acaba de recuperar la libertad después de una larga condena: parecería que algo, por lo menos algo, cambió desde que Scorza tuvo que marcharse del Perú.

"Si mi libro sirvió para que salga libre Héctor Chacón, yo creo haber cumplido de alguna forma con mi labor de escritor", dice y repite constantemente Scorza. Desde un lugar en sombras, entre los muros de su nueva libertad, un hombre, ahora también personaje literario, agradece -o quizás no- que un escritor lo haya impulsado nuevamente hacia la vida, por detrás de las rejas.

* Un discutido invento: el boom - No se anima a decirlo; no podría decirlo. Y es que también Manuel Scorza ha entrado a formar parte del boom latinoamericano, un fenómeno tan literario como comercial, con el padrinazgo de las principales editoriales europeas y sudamericanas. "o que sí me parece -arriesga Scorza- es que al principio todos se sintieron identificados con el boom; era como una especie de triunfo latinoamericano, como el fútbol. En ese momento nos representó un equipo de novelistas que venía de la clase media y de la alta clase latinoamericana, y que no tenía nada que ver con las angustias de casi ciento cincuenta millones de habitantes, que no pudieron reconocerse en la lista de cócteles o de jazz-fans que figuran en esos libros. El boom reflejó la realidad de la pequeña burguesía. Es el momento en que Castro llega al poder. Esos escritores se encuentran con la Revolución Cubana, pero no en Sierra Maestra, sino en los salones del Habana Hilton. Es una cosa que no hay que olvidar".

El hombre más representativo, el brillantísimo escritor belga-argentino-francés Julio Cortázar, ilustra el carácter del boom. "Tengo admiración por algunos libros de Cortázar, Rayuela me gusta. Pero para mía hace un tipo de literatura europea que no cree más en las posibilidades del ser humano. Y yo comprendo las razones. Cortázar ha producido una literatura cosmopolita, ambigua y metafísica. Yo he vivido en otra realidad y estoy, por lo mismo, en otra situación".

Boom si se quiere terminado, según Scorza, que no ha contemplado a un grande como Rulfo, "uno de los escritores más penetrantes, pero que debido a su extremada modestia ha quedado postergado". Aunque es más difícil hablar seguramente como lector que como escritor: "Al final, uno no puede escribir sino aquello que ha vivido. Cortázar no ha vivido la experiencia de una revolución y no puede escribir sobre una revolución. El escribe sobre su vida, y además escribe muy bien".

* El retorno a Cervantes - Todas las distancias confluyen en la serena objetividad, la única mirada que puede precisar y juzgar el presente. "Los lectores de hoy -dice Scorza- no estamos bien situados, porque nadie puede hablar en nombre del porvenir. En Francia, todos estamos celebrando con profunda emoción el centenario de Proust. En estos momentos, aunque resulte paradójico, estoy mezclado entre las grabaciones de los comuneros y la relectura de Proust. Lo uno no invalida lo otro".

Pautas culturales -europeas- que siguen siendo, al parecer, las mismas de siempre, las de la colonización, el avasallamiento y el ultraje: dialéctica contradicción difícil de explicar. Como si el arte invirtiera la conciencia y comprobara lo real de una racionalidad histórica y lo irracional de una realidad. El pueblo de Rancas existe, soportó las masacres -se fundaron tres nuevos cementerios-, y ahora Scorza asume, a través del arte, los opuestos de la gran Historia. "Mi novela refleja fundamentalmente las matanzas que se producen en el año 1962-63. Yo asistí como miembro de defensa en el movimiento comunal. Hicimos protestas, por aquel entonces vanas. Cuando al final, como expresión de rabia y de derrota, cuando creía que nada iba a ser reparado, empecé a escribir estos libros".

Redoble por Rancas está escrito en el más genuino español, y como novela es un virtual regreso a los comienzos del género y a los principios cervantinos, pautas que, increíblemente, pertenecieron a los hombres europeos que llegaron a dudar de si los indios pertenecían o no al género humano. Contradicciones de la Historia, singulares y si se quiere bastante ignominiosas, que Manuel Scorza, como comunero y escritor, supo enaltecer y sintetizar desde su libro.

* Cien años de recuerdos - "Conozco la Argentina, Buenos Aires -recuerda Scorza, a manera de epílogo-. Estuve hace muchos años, cuando me desterraron. Me acuerdo, por ejemplo, de Avenida de Mayo, de un semillón que tomé en una de sus mesas. Además, admiro la literatura argentina, aunque desgraciadamente vivimos la desconexión cultural, un fenómeno difícil de romper. Me siento emocionado, eso sí, porque el público argentino haya recibido mi libro en esa forma, y me siento feliz porque a través de mi libro se pueda plantear una vez más el problema de la explotación y del dolor humano. Mi enorme agradecimiento a Confirmado y a los lectores argentinos. Un honor que implica una severa responsabilidad".

La responsabilidad, tal vez, de seguir rememorando y escribiendo, de volver al centro mismo del recuerdo, a su Perú natal, a su convulsionada América latina, y escribir con su vida, y con otros libros, la fantástica y fabulosa historia de estos hombres del Sur del Río Grande. Aquí, donde la Cruz del Sur señala precisamente otras metáforas, otras mágicas y seductoras aventuras, que alguien deberá contar para que nada se pierda en el olvido, ahora que aún el recuerdo y la memoria se están forjando en los trabajosos vaivenes del día, donde "toda luna es atroz y todo sol es amargo".

Manuel Scorza

Autor de Redoble por Rancas

Reportaje de Eugenio Juan Zappietro

[Publicado en Ficción y realidad, nº 2, julio-agosto- septiembre 1972, Buenos Aires, pp. 85-88.]

- ¿Por qué eligió la novela para hacer una crónica de la masacre de campesinos peruanos de 1962 y no hizo una elegía siendo usted un poeta?

- Todos sabemos que la poesía es un arte estricto y minoritario. MI poesía -que por lo menos ha permanecido prácticamente anónima- atravesaba, en ese momento, una zona de simbolismo y hermetismo que difícilmente me hubieran permitido comunicar el doloroso contenido de mi experiencia. Las grandes masacres de Cerro de Pasco -de la que sólo fui un borroso testigo- cambiaron radicalmente mi punto de vista sobre la literatura. Yo necesitaba comunicar lo que había visto y me planteé el problema de la comunicación. Pienso que es importante comunicarse. El escritor ha caído en una trampa siguiendo el mito romántico de la torre de marfil, cultivado por aquellos que quisieron que el hombre que forja los sueños de una colectividad no luche también por realizarlos. No se trataba, por lo demás, de escribir una elegía sino de proponer una épica. No se trataba tampoco de verter mis "experiencias" personales: ninguna figura en las 2.000 páginas de las cinco novelas que constituyen este ciclo Balada. Los hombres que conocí en Cerro de Pasco eran varones de mentalidad mágica, que creían que los caballos hablaban, que los ríos se detenían, que el tiempo podía parar o que los brujos eran capaces de reducir las casas, los caballos, los hombres (ésta fue una de las causas por las que Héctor Chacón victimó a un espía de los hacendados), que los ángeles se encarnaban, etc. Pero yo sabía que a la vez, estos hombres, despreciados por la sociedad criolla que los conoce únicamente a nivel de sirvientes, son los mejores, los únicos capaces de luchar en un país donde se han perdido casi todas las guerras. Reflejada desde el punto de vista de los protagonistas la novela emigró hacia la fantasía y lo mágico.

- ¿Por qué Chacón es el protagonista de la novela? El Chacón es analfabeto y usted lo hizo líder de una revuelta. El campesinado peruano ¿puede evolucionar con líderes como Chacón?

- Yo no hice a Chacón líder de ninguna revuelta imaginada. Fue la realidad la que lo esculpió como figura en Redoble por Rancas. El personaje que fue recientemente liberado no me ha desmentido. En la primera página de mi libro, por lo demás, se advierte: "Redoble por Rancas es la crónica exasperantemente real de una lucha solitaria: la que en los Andes Centrales libraron, entre 1950 y 1962, los hombres de algunas aldeas sólo visibles en las cartas militares de los destacamentos que las arrasaron. Los protagonistas, los crímenes, la traición y la grandeza, casi tienen aquí sus nombres verdaderos. Solo en algunos casos los hechos han sido modificados para proteger a los justos de la justicia". Cuando escribí estas páginas (encabezadas por un epígrafe pesimista "Todo será olvidado y nada será reparado") yo no imaginaba que Chacón resucitaría desde el fondo de su prisión amazónica.

Yo tampoco hice líder a Chacón. La rebeldía de este hombre la inventó el juez Montenegro. Como casi todos los campesinos que años después protagonizarían las grandes invasiones de tierras que acabaron con el latifundismo en el Centro del Perú, Chacón se vio confrontado por la realidad ante un problema simple: descender a bestia o elevarse a hombre. Y aunque utilizó el crimen como arma de una lucha solitaria -y nunca llegó a victimar a la persona que verdaderamente ansiaba su mano- fue un momento en la rebeldía de los campesinos del Perú. En los otros libros -en el segundo que se titula La Vana Cabalgata de don Raymundo Herrera- cuento precisamente cómo luego de su prisión el pueblo de Yanacocha comprende que el atentado personal no es la mejor arma contra la opresión y narro cómo emprendieron el arduo camino de una lucha colectiva encabezados por Raymundo Herrera, un hombre extraordinario que también existió y cuyo nombre figura en el título del segundo volumen de la Balada.

Razones azarosas han concentrado la publicidad en el Nictálope que no es el principal personaje del libro. El protagonista más importante de Redoble por Rancas es el anónimo Cerco, del que casi no se habla.

- ¿Por qué el gobierno dilató tanto la liberación de Chacón si las estructuras ya habían cambiado?

- El gobierno dilató la libertad de Chacón porque el Nictálope nunca figuró como prisionero político. Es curioso que aun estando preso con políticos criollos éstos jamás lo consideraran entre los suyos. Los campesinos andinos son muy herméticos. Nunca hablan de sí mismos. Esto se vio muy claro el día de su liberación cuando descendiendo del avión, ante el asombro y casi ante el terror del periodismo peruano, se puso a cantar un huayno en quechua. Por esta dolorosa metáfora se evidenció una vez más, que los criollos desconocen el idioma de la mitad de los peruanos.

Por lo demás ¿Chacón es el Nictálope? Lo es y no lo es. En este momento en Lima el diario Correo está publicando una serie de artículos titulados "El Nictálope", fragmentos de un libro del escritor peruano Guillermo Thorndike que plantea precisamente ese problema. El subtítulo es elocuente: Lo que sucedió diez meses después que apareció Redoble por Rancas. Este libro, que hasta donde yo conozco es un brillante análisis literario, estudia el choque entre realidad y fantasía que se produjo desde el momento en que el Nictálope de la novela se encarnó en el visible Héctor Chacón de la realidad.

- ¿Hay compromiso entre el gobierno y Chacón? ¿Se negoció la libertad de Chacón y su novela lo sacó de la cárcel?

- La libertad de Chacón no fue, no podía ser materia de un compromiso político. Tampoco veo que exista ningún compromiso de Chacón. Cuando acompañaba a Chacón a la cordillera donde existe Yanacocha, su pueblo, precisamente me preguntaba "Y ahora ¿qué hará Chacón? ¿Será digno del Nictálope?" Nadie puede decirlo. Lo único que puedo decir, repito, es que su libertad nunca fue negociada. No hay que olvidar que su libertad se produce en el cuadro de la liberación de muchos prisioneros políticos que no siempre han respaldado a este gobierno. Muchos lo atacan. Ese es el caso de Hugo Blanco. ¿Será el de Chacón? Yo soy sólo responsable por el Nictálope de Redoble por Rancas pero Chacón es responsable de su persona. Lo que hará con su celebridad es un problema suyo y es también el problema de su comunidad. La víspera de mi partida me visitaron los notables del pueblo (muchos de ellos eran los capitanes de las grandes invasores de haciendas) y me dijeron "Manuel Scorza, tú has sacado a Héctor de la cárcel y Héctor dice que tú eres su padre. Tómale juramento que no utilizará la violencia salvo si su comunidad se lo pide. Que jure en público, porque si luego falla la comunidad tendrá derecho a suprimirlo". Un atardecer que no olvidaré le tomé ese grave juramento.

- ¿Se considera usted un escritor de izquierda? ¿Por qué?

- La vida me instaló en uno de los últimos escalones de la sociedad peruana. Mi padre fue peón de una hacienda cañaveleras del norte y llegó a Lima atravesando a pie casi mil kilómetros de desierto, huyendo de la represión que asoló esa zona cuando los campesinos fundaron los primeros sindicatos. Yo sólo tuve zapatos avanzada mi infancia. ¿Me respetaría usted si fuera un hombre de derecha?

- ¿Por qué la crítica de su país fustigó Redoble por Rancas y la consideró una novela frívola?

- La crítica de mi país no ha fustigado mi novela como frívola. Por el contrario la ha clasificado como un documento verídico de los sueños y de las tragedias nacionales. El único crítico que la calificó de "frívola" fue el escritor Abelardo Oquendo, un connotado miembro de la oligarquía literaria del Perú, empeñado desde hace mucho tiempo en desprestigiar la realidad. En el Perú hay un diario que, aún en medio de la más grande tormenta publicitaria levantada por libro alguno en el Perú, jamás me mencionó. Entiendo que el jefe de relaciones públicas de la Cerro de Pasco Corporation inventora del Cerro es miembro de la familia propietaria del periódico. ¿Es un azar que allí se publicara la violenta crítica de Abelardo Oquendo? Mi libro tiene sin duda muchos defectos pero difícilmente practica la frivolidad. Entre otros "crímenes" Oquendo me reprocha excederme en el humorismo. Yo creo que el público está fatigado de falso sentimentalismo y utilicé el humor como un arma contra la ridícula respetabilidad de una sociedad empedernida en el absurdo.

Ya es tiempo de que el escritor latinoamericano se quite el frac cuando escribe. Nuestra realidad es tragicómica. Yo recuerdo que cuando la represión de Cerro de Pasco me apresaron, me condujeron en un camión que decía "Yo también fui último modelo" y detrás venía otro que se titulaba "Así es la vida". Y para no salir de Oquendo y del grupo que se ha apoderado de la Casa de Cultura del Perú, le contaré que estos señores conceden cada año unos premios de "fomento a la cultura". Pues hace un tiempo la Casa de Cultura del Perú concedió un premio de "fomento a la cultura" a una vaca sagrada de la oligarquía política peruana, el doctor Honorio Delgado, pero lo chistoso es que el premio de "fomento a la cultura" se le concedió a título póstumo... ¡Hágame el favor! ¿Cree que gente que se dedica a "fomentar" la cultura en los cementerios tiene serenidad para fallar sobre un libro como Redoble por Rancas?

Yo siempre he discrepado de estos "exquisitos". Mucho antes que apareciera Redoble por Rancas yo declaré a la revista Cormorán de Chile algo que no sobra repetir "El boom significa para América Latina el desprestigio de la literatura de denuncia. Desde el comienzo ha planteado una actitud estética ante la realidad: la fantasía, el exotismo, el refinamiento literario. En este momento si alguien escribe un libro de denuncia, resulta anacrónico, sobrepasado o superado".

"En un momento dado -sobre el cual algún día tendrá que hablar un sociólogo- alguien empezó a repetir en América Latina que una literatura de denuncia era literaria en el siglo XIX. Así fue desprestigiada, antes de ser escrita, una literatura de la cual existe solamente un destello en los libros de los antropólogos como Lewis, destello que tendría que haber sido gigantesco en la literatura latinoamericana. Cuando Pérez Jolote empezaba a nacer, vino una gran ola continental que postulaba la mentira en lugar de la verdad; el carnaval de la exageración de la realidad en que la exageración siempre había sido más alta que cualquier ficción. Es evidente que hay una organización, una lógica que opera de país en país, de suplemento en suplemento, y de congreso en congreso como el que se realizó en Chile, con una pregunta verdaderamente idiota acerca de si existe la literatura latinoamericana, lo que equivale a preguntarse si existe un pueblo latinoamericano. Esa organización fomenta el irrealismo en literatura".

Esto se relaciona con su pregunta de si yo escribo para campesinos. Entiendo que en el libro El Nictálope de Thorndike se publicará un montaje fotográfico muy interesante: el de los escritores peruanos que afirman no haber oído nunca hablar de Redoble por Rancas contrastado con las fotografías de los campesinos del Centro andino reunidos en plazas oyendo la lectura del libro.

- Usted dijo: "Veo Perú mejor desde París". ¿Los escritores latinoamericanos, para escribir buenas novelas,deben vivir en París? ¿No se desvinculan de la realidad?

- Yo creo que se exagera cuando se fustiga a los escritores latinoamericanos por vivir en París. El fenómeno no es nuevo. Los escritores y los artistas de todos los tiempos han emigrado siempre a los focos culturales llámense Atenas, Roma, Florencia, París, Nueva York ¿Alguien fustigó a los trágicos griegos por concentrarse en las grandes ciudades helenas? Mientras París siga siendo un gran foco cultural existirán artistas latinoamericanos en París. Y me parece bien para concluir definitivamente con nuestro provincialismo cultural y concretamente con la colonización cultural francesa. El auge de la novela latinoamericana ha "descubierto" a un sector de los escritores latinoamericanos en París, pero, retroceda la cámara y verá que hace más de un siglo que los latinoamericanos viven en París. Recuerde a Darío. ¿Esto le impidió ser latinoamericano? Vallejo vivió más tiempo en París que en el Perú. ¿Esto le prohibió ser el más auténtico poeta latinoamericano? Por lo demás es falso que todos los escritores latinoamericanos vivan en París. Allí no están Rulfo, Sábato, Borges, Linspector, Amado, ni nunca estuvieron José María Arguedas, Arlt, Alegría, Martín Luis Guzmán, etc.

- Se ha dicho que los escritores latinoamericanos que viven en París forman una mafia de la literatura, ¿qué opina usted?

- No es un secreto que algunos escritores latinoamericanos forman lo que usted llama una mafia de la literatura que cultiva el autoelogio, que se loa de suplemento en suplemento y que dejando en la sombra a muchos grandes escritores que carecen de genio publicitario -¿cuándo Asturias habló por ejemplo de Arévalo Martínez? ¿cuándo Cortázar gestionó la traducción de Arlt?- se dedican a autopromocionarse. Pero este fenómeno ya carece de importancia. Ya pasó el momento en que un grupo de escritores practicó el audacísimo golpe de estado y se apoderó del poder literario desde los salones del Habana Hilton. Estos escritores, que todos admiramos y que todos conocemos, han cultivado el sectarismo literario hasta la exasperación. Pero la ampliación del mundo cultural de la América Hispana, la incorporación anual de miles de alfabetos, la circulación de periódicos y revistas, ha restablecido las cosas en su lugar. Salvo por razones accidentales hoy ya no es posible "detener" nada en la América Latina. Hablo por experiencia. Ninguno pero absolutamente ninguno de los grandes escritores del "boom" se ha referido a Redoble por Rancas. Los escritores peruanos han declarado, como Vargas Llosa, que no conocen mi libro. ¿Esto ha impedido que llegue a los 100.000 ejemplares y se prepare su traducción a 16 idiomas? Los grupos existirán siempre pero también existirán hombres con capacidad de entusiasmarse y admirar la obra ajena. Para ellos se escribe.

- ¿Conoce usted la literatura argentina? ¿Qué opinión le merecen nuestros autores?

- Desgraciadamente y salvo los nombres más célebres, conozco poco de la literatura argentina pero impresionado por el movimiento cultural de Buenos Aires, durante mi viaje les pedí a algunos escritores que me confeccionaran una lista de obras importantes. Espero que el correo me traiga los cuarenta títulos que he adquirido para penetrar más en una literatura que nos ha enriquecido con algunos de los más memorables monumentos literarios de América.

París, 1972.

MANUEL SCORZA:

"Yo viajo del mito a la realidad"

[Publicado en Crisis, nº 12, abril 1974, Buenos Aires, pp. 40-42.]

- ¿Es cierto que has terminado las tres novelas siguientes que constituyen Balada?

- He terminado la tercera y la cuarta balada y comenzado a escribir el volumen final.

- ¿Cuáles son los títulos de las novelas siguientes?

- Yo creo -todavía no es definitivo- que se titularán El insomnio de Reymundo Herrera y Balada Cuarta. El tomo final se titulará -eso es seguro- La tumba del relámpago.

- Es un título melancólico.

- Es también un título verdadero. En los Andes centrales en 1960 yo vi el relámpago que pudo cambiar la historia del Perú y vi, sufrí, su apagamiento. Tu sabes bien que el objetivo de mis libros es pintar el nacimiento, la exaltación y la muerte de una revolución, en este caso una revolución campesina; como todos los grandes sucesos humanos en éste se muestra también el coraje, la cobardía, la grandeza, la iniquidad, el amor, el odio. Yo retuve el testimonio de la grandeza. Me parece importante que un pueblo recupere el sentido de la dignidad. La Argentina no es el Perú, ustedes son seres cuya condición humana nunca se discutió. Plantear ese problema en Argentina es inconcebible (aunque hay que releer lo que Martín Fierro dice de los indios). La conquista sigue siendo el tauma fundamental del hombre peruano.

- ¿En qué sentido?

- Los conquistadores discutieron la condición humana de los habitantes originarios de América. ¿Los americanos eran hombres o animales? Esta discusión fue zanjada en la teoría por el Papa Pablo III pero en la práctica se consideró que no éramos seres humanos. Esto es lo trágico de la historia peruana que admirablemente muestra, por ejemplo, Los ríos profundos.

- ¿Hasta hoy?

- El 1º de diciembre de 1973 Le Monde publicó un cable de la AFP de Bogotá informando que la Corte de Justicia de Ibague en Colombia había condenado a prisión a un grupo de masacradores de indios. ¿Sabes lo que sostuvo la defensa? Dijo que estos crímenes no debían ser castigados porque los indios "no eran considerados como seres humanos en la región".

- Pero tus libros no sólo son un alegato histórico sino fundamentalmente obras de arte.

- Yo siempre recordé el famoso consejo que con "buenas intenciones se puede hacer mala literatura". Yo traté desde el comienzo de hacer, en lo que podía, una buena literatura. La novela es, ante todo, una máquina de soñar. Esa es la diferencia entre el periodismo y la literatura. Un periódico no dará jamás la dimensión onírica. Esto es fundamental. Porque nosotros tenemos dos vidas: una vida con los ojos abiertos y otra con los ojos cerrados. Yo no sé cuál es la vida principal. En mis libros los sueños y las pesadillas juegan un papel decisivo.

- Ejemplo de lo que dices es la utilización del mito en Garabombo, el invisible, del que escribes que "no lo veían porque no lo querían ver. Era invisible como invisibles eran todos los reclamos, los abusos y las quejas".

- Jamás utilicé el mito arbitrariamente. Sin caer en una servidumbre realista obsoleta partí de proposiciones reales. El Ladrón de Caballos que entiende el idioma de los animales existe porque una vez oí a un comunero decir "de esas cosas yo me entero por los caballos". En los Andes, en esas alturas remotas en el espacio y en el tiempo, el mito es natural. En este sentido yo estoy prolongando más bien la línea de Arguedas. ¿Te acuerdas del zumbayllu de Los ríos profundos, el trompo mágico capaz de transmitir la voz de Ernesto a su padre, a cientos de leguas?; yo viajo del mito a la realidad. Los animales huyen, los árboles se retuercen y caminan, las lechuzas vuelan de día en Redoble por Rancas porque tienen miedo del Cerco que avanza cerrando el mundo. El Ladrón de Caballos no habla con los animales gratuitamente; habla con ellos para organizar una rebelión. Y Garabombo, el invisible, del que me hablas, se vuelve transparente con fines igualmente concretos y lo importante no es lo que le ocurre -como un personaje de Wells- cuando es invisible sino cuando deja de serlo. Y al final el lector conoce la causa de su "enfermedad" tan bien como él.

- Tus personajes son casi todos históricos. ¿Cómo concilias su historicidad y su dimensión mítica? ¿Realismo y magia?

- Mis personajes casi siempre llevan sus nombres verdaderos. Los hechos también son históricos. El "ataque cardíaco colectivo" que sufren los organizadores del sindicato del estribo es tan real que consta en los diarios: el envenenamiento ocurrió y fue presentado como "ataque cardíaco" por un gamonal, pero lo grave fue que la Corte Superior de Justicia reconoció la tesis: es jurisprudencia. ¿Cómo expresar este exceso? El delirio es imprescindible. El estilo practica el humor negro porque la sociedad lo practica cruelmente ¿Cómo tomar en serio la realidad de un país donde el vocal de la Corte Suprema condena a diez años de penitenciaría a un campesino que ha robado una gallina y es, él mismo, capturado contrabandeando diamantes? El mundo indígena siempre ha sido mágico. Aun hoy se expresa mágicamente. Aparte del dios católico los indígenas tienen todavía hoy su mamani, su dios particular y como Arguedas lo enseña, magistralmente, acude a él en las grandes crisis. Cuando Cortés llega a México, Moctezuma envía a sus magos y hechiceros para destruirlos pero ellos creen encontrarse con un dios y vuelven sin actuar. Así consta en las Crónicas. Moctezuma palidece y comprende que toda lucha es inútil. He aquí el mito modificando la historia. ¿Acaso garabombo no provoca el más formidable sublevamiento campesino de los últimos decenios en el Perú ejerciendo la invisibilidad? ¿Por qué iba yo a proponer sucesos mágicos como reales? ¿Porqué así lo exige un realismo caduco? ¿Por qué yo no soy supersticioso? Entre los descendientes de las grandes culturas precolombinas y la sociedad criolla ha existido y existe desde hace cuatrocientos años un muro de desconfianza que raras veces atraviesan los criollos porque los indios se niegan a darles paso. Ante los blancos los indios esconden su deslumbrante mundo mítico. Por un azar, alcancé a conocer el esplendor de ese "mundo de los vencidos" infinitamente más rico, legendario y complejo que la pobre sociedad criolla del Perú. Permíteme citar un poema:

¿Sólo así he de irme como las flores que perecieron ¿Nada quedará de mi nombre? ¿Nada quedará de mi fama aquí en la tierra? ¡Al menos flores, al menos cantos! ¿Qué podrá hacer mi corazón? En vano hemos llegado, En vano hemos brotado de la tierra.

Este poema no es de Manrique: es de un poeta que vivió antes de la Conquista de México. Revalorizar este horizonte cultural es fundamental. La Conquista nos produjo un traumatismo del cual aún no nos recuperamos: nos convenció de que éramos inferiores. Recientemente con ocasión del caso Altmann un periodista incluyó en su reportaje al nazismo en Sudamérica las increíbles declaraciones del jefe de la Escuadra boliviana [sic]. Este cipayo declaró: "Se que tengo 2/3 partes de sangre india y que por tanto soy inferior". ¿Te das cuenta? ¿Hasta qué extremo puede llegar el autodesprecio ejercido por el colonialismo? A esta visión miserable opongo la grandeza de personajes capaces de alzarse a la poesía y a la epopeya en el más olvidado rincón del mundo. En este sentido mis libros más que literarios son éticos.

- ¿Y en los próximos libros?

- Después de la masacre de Chinche el terror se instaló en Cerro de Pasco. Buena parte de los comuneros amedrentados por la represión descreyó en lo que afirmaban sus líderes, es decir descreyeron en la posibilidad de una victoria. En Yanacocha concretamente el Presidente de la comunidad, Raymundo Herrera, creyó que aún era posible ensayar un método legal y emprendió un viaje para levantar el plano de sus tierras usurpadas. Pero en 1205 su tatarabuelo, también Herrera, había intentado la misma hazaña. El libro es el relato de un viaje durante el cual Herrera no duerme. Pero hay, desde luego, otros planos y otras historias porque yo propongo una realidad donde el miedo ha detenido el tiempo y los ríos se detienen, los niños dejan de crecer, etc. Todo esto mezclado con la historia más o menos verídica de un misterioso topógrafo que viaja con el objetivo aparente de levantar planos pero que en realidad quiere proponerle un negocio muy especial a la muerte. - ¿Y la Balada Cuarta?

- Este libro podría llamarse también, con perdón de Shakespeare, La Tempestad, porque luego que los comuneros comprendieron, gracias, entre otros, al jinete insomne, que la única justicia posible le vendría de sus manos, organizaron una recuperción de tierras aún más vasta, más grande, más épica que la que dirigió Garabombo. El hombre que condujo el combate en Yanahuanca y que en la práactica tomó (y esto equivalía a la caída de la Bastilla) la hacienda de Huarautambo fue Agapito Robles. Yo cuento su hazaña.

- Tú te has demorado seis años en escribir estos libros ¿Qué sientes ahora que los has terminado?

- Una enorme felicidad. Mientras la obra no está concluída tú luchas permanentemente con la muerte. Un escritor, sobre todo el escritor de una obra extensa, vive fuera de la realidad. Todos los oficios implican compañía, intercambio, contacto, pero el escritor por definición está sólo. ¡La soledad es terrible!

- ¿Sigues escribiendo poesía?

- Yo creo que nunca he dejado de escribir poesía, que la hago en prosa, pero en cuanto a versos este verano me sucedió algo que comencé una correspondencia con el poeta alemán Hans Magnus Enzensberger -un gran poeta y un hombre extraordinario-. Intercambiamos esta correspondencia en verso, pero estos poemas, si poemas alcanzan a ser, los escribo como cartas, muy rápido. Y esto lo hago deliberadamente para que sean espontáneos.

- ¿No crees que ya es tiempo que vuelvas al Perú?

- Cuando termine La tumba del relámpago volveré quizás definitivamente al Perú.

- ¿No te sientes exiliado?

- Absolutamente. El novelista es como el caracol: viaja con la casa a cuestas. ¿Qué es ser exiliado? Yo conozco a muchos que no han salido nunca de su país y que son y serán siempre extranjeros. Dostoievski escribió El idiota en Florencia y Gogol escribió Almas muertas en París. Estoy leyendo un estudio sobre la novela del polaco Reymont donde se cita una carta de Gogol que dice, "Yo trabajo en Almas muertas y me parece estar en Rusia: delante de los ojos tengo nuestra realidad, nuestros propietarios, nuestros funcionarios, nuestros campesinos, nuestra calaña." No, el escritor no es un exiliado, los exiliados son otros, son los que desprecian a su país, los que lo venden al extranjero, los que adoptan sin examen la mitología de los países dominantes, los cipayos al servicio de los intereses extranjeros.

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El colectivo de Revista Sudestada esta integrado por Ignacio Portela, Hugo Montero, Walter Marini, Leandro Albani, Martín Latorraca, Pablo Fernández y Repo Bandini.