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Viñetas sueltas

Buenos Aires según Calé

¿Habrá alguna vez otro dibujante, otro humorista, que llegue al alma del porteño como lo hizo el genial Calé? Hacedor de un mapa urbano de extraordinaria vigencia, cultor de un estilo que marcó una época y que, a la vez, no dejó una escuela artística, el también dibujante Carlos Nine propone volver a ubicar a Calé en el lugar que le pertenece: las calles de Buenos Aires.

Como sabemos, en Argentina contamos con una enorme cantidad de autores dedicados a ejercer el oficio de humoristas gráficos, zona neblinosa de la comunicación si las hay... Algunos han alcanzado enorme reconocimiento mundial como los famosos Quino y Mordillo, o la ultrapromocionada Maitena. Otros, en cambio, a pesar de su calidad o renombre, quedaron restringidos al ámbito cultural de consumo local, como los paradigmáticos Caloi y Fontanarrosa, o un grupo numeroso de derivados menores del "mafaldismo" que sería ocioso mencionar y que luchan afanosamente para lograr el favor de las masas, pero que permanecen bastante alejados de la aceptación conseguida por los previamente mencionados.

Cuando apunté más arriba acerca de la naturaleza neblinosa de estos profesionales, me refería a que generalmente se los presenta como dibujantes al mismo tiempo que como humoristas, situación que encontramos difícilmente comprobable con sólo dar un vistazo apresurado a sus humildes artesanías. Es que el fuerte de estos comunicadores es -presumiblemente-, la idea, el gag, el mensaje, no el arte de dibujar. Por eso, raramente encontramos un gran artista que sea al mismo tiempo humorista o comunicador de ideas.

A excepción de Calé.

Calé fue un artista legendario que desplegó su talento inmenso en la década del 50 y parte de los 60. También dirigía una revista del club de sus amores, River Plate, y era representante de la orquesta de Horacio Salgán, del que era fanático.

Había nacido en la ciudad de Rosario. El problema con Calé es su clasificación. La distancia existente entre su dibujo y el de sus colegas, -contemporáneos o actuales-, es tan sideral; y su capacidad de introspección del alma de los porteños (mucho más emparentada con las cualidades de un antropólogo que con las de un humorista) es tan profunda, que hacen casi imposible su ubicación dentro de categorías (que ya de por sí son bastante barrosas, dada su naturaleza constitutiva).

Las resoluciones gráficas de Calé "llegaban" por igual al hombre simple de pueblo, al neófito (recordemos que sus páginas de Buenos Aires en Camiseta tenían como vehículo a la revista Rico Tipo, que tiraba 450.000 ejemplares por semana) como al tipo con cierta experiencia visual y alguna preparación. Este es el milagro de los auténticos artistas, es esa capacidad que tienen para dotar a sus criaturas de una argumentación estética que impresiona a todos los públicos. A aquellos que por su sensibilidad o conocimientos pueden apreciar el fenómeno, pero también a los seres simples que sencillamente intuyen, sospechan, que allí hay algo más que lo que están mirando.

Lo increíble es que no hacía un naturalismo demagógico ni un "mono" simpático. Todo lo contrario. Sus personajes de barrio bordeaban peligrosamente la abstracción y la pura geometría. Su colección de variaciones sobre jopos, peinados y cabelleras diversas era sencillamente alucinante. Los ritmos y grosores de sus rotundos trazos negros para representar arrugas, ceños fruncidos, narices, trajes cruzados, manos velludas, pechos y caderas, eran descomunales. Las diferentes texturas visuales (puntos, ondas, rayas, flores, cuadriculados, etc.) para tratar los ropajes de sus muchachas y muchachones nos retrotraía a pinturas persas o bizantinas, y a un sentido casi musical de la imagen. A esto se añadía una capacidad natural para las representaciones arquitectónicas donde se vivía esta comedia dramática que era la vida barrial de los 50, y que resultaba fundamental para comprender cierto costado "espacial" del planteo argumental.

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº75)

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Carlos Nine