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Entrevista con Juan Carlos Gené

"La creación de un personaje es un acto de parir"

Actuación, dirección y dramaturgia confluyen en la figura de Juan Carlos Gené, uno de los actores más prestigiosos de la escena argentina. En esta nota, habla sobre el exilio, el chavismo en Venezuela y sus trabajos más destacados.

Una extensa trayectoria, con una labor que se subraya por su calidad, coloca a Juan Carlos Gené como referente de las tablas nacionales. Director del Centro de Experimentación y Creación Teatral (CELCIT), supo iniciar su carrera de la mano de Roberto Durán. En la década del 50, ya dirigía y escribía su primera obra; y en los 70 (obligado por el exilio), desperdigaba su talento por Colombia y Venezuela. Tuvo fuerte participación gremial a los largo de 11 años en la Asociación Argentina de Actores, donde empezó militando en la Lista Blanca, para luego ser Secretario de Cultura, Director General y, finalmente, Presidente.

Este año comenzó con cambios, ya que la sede del CELCIT tuvo que ser trasladada: "El Centro tenía un teatro en España llamado La Veleta, que se incendió. Con motivo de esto, por una situación económica muy difícil, lo único que tenían era esta propiedad. Con la debida anticipación y toda la delicadeza del caso, nos avisaron. En tanto el teatro de España, con un enorme esfuerzo, se reconstruyó entero. Después de muchas tramitaciones, recibimos la ayuda de todas las instituciones oficiales de apoyo al teatro, más Presidencia de la Nación y un montón de grupos, personas, instituciones (tanto nacionales, como del exterior), que con pequeñas ayudas dieron una suma de dinero que contribuyó a que pudiéramos solucionar el problema.

En medio de todo esto, se tomó contacto con la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (fundada por los discípulos de Bernardo Husein); con esta institución (que funciona en donde nació Mariano Moreno), hicimos un acuerdo económico y, junto con toda la ayuda que habíamos recibido, se reciclaron los dos subsuelos del lugar, en donde finalmente se inauguró el teatro".

Durante gran parte de 2008, Gené estuvo con dos obras en escena, una fue Factor H: "intenta ser una trilogía; las tres obras fueron producto de una experimentación que hicimos durante dos años con un grupo de actores, en el Celcit. Empezamos a trabajar a partir de entrenar asumiendo personajes de escenas de la literatura. Cuando el trabajo comenzó, nos dimos cuenta de que casi todos habían elegido escenas relativas con sus vinculaciones fraternas, escenas en las que se ventilaban relaciones entre hermanos. Nadie se había puesto de acuerdo, entonces empezamos a preguntarnos por qué había ocurrido eso; decidimos indagar en las vinculaciones personales de los actores con sus hermanos, sobre todo las fantaseadas, que son las importantes. Lo importante de la vida de uno es cómo uno la recuerda, la inventa. Junto con esas escenas, lo que resultó es una especie de extensa exposición donde se mezclan situaciones y pasajes de obras de Tennessee Williams y Chejov, junto con experiencias personales de los actores. Hay una tercera obra que no pudimos estrenar todavía, que escribí expresamente para atar cabos que quedan sueltos; se llama La Mano en la Ceniza y esperamos hacerla el año que viene".

Por otra parte, estuvo en cartel con Todo Verde y un árbol lila, obra que cuenta la historia real de los abuelos de Daniela Katz, la actriz protagónica: "Fue difícil, porque quisimos realizar un hecho teatral a partir de cartas escritas; en toda la tradición del teatro occidental, de la que nosotros salimos, toda la dramaturgia es un discurso verbal. De no haber contado con ese elenco de actores, esto no se hubiera podido hacer, porque tomaron el asunto con pasión, se lanzaron a la aventura de buscar este lenguaje, y fue el resultado de un trabajo conjunto; lo primero que hice fue aclararles: 'no vayan a creer que yo sé cómo se hace esto, tenemos que descubrirlo entre todos', y algo descubrimos.

Ella hacía mucho que me hablaba de la historia de sus abuelos y, en el 2006, me volvió a hablar de las cartas. Ya que me hablaba tanto de eso, le dije si me podía prestar las traducciones; y ahí fue terrible, porque me obsesioné; durante tres años, hice versiones y versiones, no se terminaba nunca.

Para el comienzo de la obra, era imprescindible dar un marco de realidad. No obstante, era curioso cómo los espectadores esperaban para saludarme muy entusiasmados, y me decían: '¿cómo, las cartas son reales?' Nunca había hecho un 'docudrama' como este".

Si se repasa la carrera del actor, es imposible no detenerse en el programa de TV Cosa Juzgada: "Yo escribía los libros, además de trabajar como actor. Formamos un grupo, David Stivel como director, Norma Aleandro, Bárbara Mujica, Marilina Ross, Federico Luppi, Emilio Alfaro, Carlos Carella y yo. Los casos eran casos policiales auténticos, ya juzgados, nunca nos metíamos con un caso de actualidad para no hacer especulación. La locución que los presentaba siempre decía que se habían cambiado nombres y algunas circunstancias. Uno de los casos emblemáticos fue el de La Raulito; el capítulo se llamaba 'Nadie', el trabajo que hizo Marilina fue legendario. De ahí, unos años después, se tomó la película que hizo Lautaro Murúa, en la que yo comencé colaborando como guionista, pero me abrí porque no podía ponerme de acuerdo con él en cómo quería enfocar la película. Se produjo una audiencia increíble, que ni nosotros esperábamos. Influyeron la naturaleza del programa, que los casos se presentaran con esa latencia y cierto compromiso ideológico. Cuando me dicen que es un hito de la televisión, yo le agregaría que también es un mito. No porque sea mentira, sino porque la gente lo sigue recordando y creando; cuando me empiezan a citar un programa, con demasiada frecuencia ese programa no existió. Recuerdan de tal manera, deformada con lo que ellos han creado; es muy extraño el asunto. Fue además una época muy feliz. Se formó un grupo de producción autónomo, independiente, de actores con un director, llamado Gente de Teatro. El periodismo lo llamó el 'Clan Stivel', un invento".

(La nota completa en la edición gráfica de sudestada Nº 74)

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Débora Ruiz