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Poesía

Carlos Penelas: versos de luz y de sombra

Cuenta la leyenda que una revista bonaerense visitaba todos los meses, puntualmente, los puestos de diarios del país. Poco importaban las lluvias, el frío, ni tampoco los servicios de trenes cancelados... La misma historia se detiene en el detalle de canillitas que critican las tapas y recomiendan los temas a abordar, zapatillas agotadas de tanto andar arrastradas por los andenes, mochilas de paseo repletas con el inconfundible aroma a tinta fresca, madrugadas urgentes, reuniones furtivas amenizadas con mate y polémicas y peleas y sueños compartidos. También hay espacio, en la leyenda citada, para el grupo de amigos y desconocidos que detienen su andar y confían en el proyecto, y leen con fervor cada línea, y buscan en esa lectura una huella, una aventura, un cruce de opiniones. La misma búsqueda compartida, de un lado y al otro de estas páginas que hoy cierran el año.

Las mismas inquietudes que nos atraviesan y nos exigen seguir para adelante; a pensar ya, ahora mismo, en el año que viene, en cómo mejorar las cosas, en cómo crecer y no estancarse. Seguir, porque creemos que este espacio llamado Sudestada se ha ganado un lugarcito a fuerza de persistencia. Porque esta voz colectiva se deja escuchar, se hace un espacio y propone el juego de la opinión, de la entrevista, del cuento, del gesto congelado por la cámara, de todo aquello de lo que escribimos porque habla de nosotros mejor que cualquier reflexión autobiográfica.

Ahí estamos, molestando a los burócratas de la impostura, a los evangelistas que nunca se equivocan ni cuando se quedan solos, a los idiotas útiles, títeres de sí mismos, a los comerciantes de la verdad política cuadriculada...

Sabemos, después de seis años y medio de laburo, que la calle es nuestro lugar de pertenencia, que ahí nos reconocemos parte de algo inasible, que allí nos juntamos cada treinta días con los lectores a prolongar una diálogo interminable.

El año que pasó nos dejó marcados. Fuimos de viaje al pasado a una Buenos Aires nevada que tiñe de blanco el viaje perpetuo del Eternauta, elegimos rescatar de las entrañas del olvido la última canción del trovador Víctor Jara; pasaron por estas páginas relatos de Andrés Rivera, de Pablo Ramos, de Juan Duizeide, Carlos Domínguez, amigos de la casa. Polemizamos con mercenarios de la historia para intentar acercarnos un poco más a la experiencia del EGP de Masetti; conversamos horas con Ciro Bustos sobre el Che y un proyecto continental que quedó trunco, tuvimos un lugar para la crónica de una organización anarquista que intentó en los 70 cambiar la realidad: Resistencia Libertaria. Pero también hubo espacio para el viaje: notas de El Salvador, de Perú, de Bolivia, de Uruguay, de México, de Paraguay...

Pasaron, también, cansancios, hastíos, tristezas, felicidades que cuesta definir, revanchas pequeñas, voces que nos quedarán grabadas, la satisfacción de poder compartir ésto entre amigos, la certeza de caminar cada mes como si fuera el último, la ilusión de articular nuestro viaje con el destino de tantos otros que andan sueltos por ahí.

Ahí estamos, las revistas en la redacción, las mochilas preparadas. A levantarse temprano, viejo, que hay que repartir Sudestada...

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¡¡¡Nos vemos en marzo!!!

Se fue el año nomás, y seguimos acá, desde la línea de combate, colgaditos en cada broche de los amigos canillitas, en las mochilas de ustedes, amigos lectores. El cansancio no se hizo sentir tanto como otras veces. Será porque estamos más grandes, más fuertes que nunca. Diez ediciones parejas, con contenidos intensos, como verdaderamente nos gusta. Diez meses de discusión y crecimiento. Gracias por estar ahí, del otro lado, siempre. Y gracias por aguantar el aumentazo de $1 que, pensamos, vale la pena. Saludos al amigo quinielero que nos avisó que este número (el 65) significa "el cazador"; y cuánta razón tiene. Cazando sueños como Galeano, nos encuentra este presente de crecimiento. Nos vemos el año que viene, en marzo como siempre.

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Carlos Penelas