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Dossier Julio Cortázar

El cómic y el cronopio: Final del juego

La historieta fue una herramienta para la imaginación del autor de Rayuela. Allí encontró nuevos caminos para comunicar sus ideas. "Fantomas contra los vampiros multinacionales" y "La raíz del ombú", son dos relatos fundamentales para entender la matriz de dominación imperialista que azotó América Latina en los 70.

No tiene importancia lo que yo piense de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí". Con esta respuesta, Julio Cortázar satisfizo las dudas que el cronista alimentaba sobre la nena terrible de Quino. Corrían los primeros 70, la imaginación luchaba fuerte por llegar al poder y los intelectuales europeos habían encontrado en las historietas nuevas materias primas para sus estudios sociológicos. De la mano de Francis Lacassin y Umberto Eco (director de la italiana Linus, motor de una revolución mundial alrededor del noveno arte), la semiótica posó sus ojos inquisitivos sobre las viñetas coloridas, hallando a Freud escondido en la casilla de Snoopy, y a un águila imperial tras la pechera de Superman.

Indiscutido protagonista cultural de esa politizada Europa, Cortázar redescubrió los cómics como producto artístico y atractivo soporte para la difusión ideológica, y permitió la publicación de varios de sus cuentos en las páginas de Alter Linus (desprendimiento de la mencionada e influyente Linus), que contaron con ilustraciones de los más importantes historietistas italianos.

Por ese motivo, cuando el artista plástico Alberto Cedrón le propuso la realización conjunta de un cómic que plasmara la realidad argentina de 1974, Cortázar le respondió afirmativamente. La raíz del ombú marca el primer acercamiento creativo y profesional del escritor al medio historietístico, con una narración que terminó retratando la actividad de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la dictadura militar.

Pero el proceso de producción y armado de La raíz del ombú fue largo y complicado. Mientras esperaba que los dibujos de Cedrón llegaran a su domicilio de París, Cortázar acumuló premios, publicó Octaedro (1974) y formó parte del Tribunal Russell II, grupo internacional de artistas, teólogos, políticos y científicos, reunido en Bruselas durante enero de 1975 para analizar el peligro que encarnaba el creciente y feroz intervencionismo económico-militar de los Estados Unidos en los países subdesarrollados.

Charlando con los miembros del tribunal, entre los que se encontraban Gabriel García Márquez y James Petras, Cortázar comenzó a hacerse algunas preguntas. ¿Cómo hacer llegar la resolución del Tribunal a toda América latina, sometida a la voluntad de las multinacionales norteamericanas y a sus impuestos gobiernos dictatoriales? ¿Existía un medio de comunicación lo suficientemente masivo y popular, capaz de alcanzar un mercado tan vasto?

¿La historieta?...

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)

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Autor

Fernando García