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21° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata - Lo bueno, lo malo y lo feo

Más allá del brillo de las estrellas internacionales y del record del público, el festival de cine de Mar del Plata, fue una buena oportunidad para acercarse a lo mejor de la cinematografía mundial. Sólo resta esperar que algunos de los films lleguen a las salas de todo el país.

Los diez días de duración de un festival de cine como el de Mar del Plata plantean una imposibilidad concreta: ver más de trescientos films distribuidos por secciones entre largo-metrajes, cortos, documentales y homenajes. Además, hay que agregar la asistencia a las clases magistrales que, salvo alguna excepción, fueron conferencias de prensa abiertas para todo el público. Esto hace imposible testimoniar (criticar) con absoluta y cabal precisión respecto al contenido de la muestra. Por ello no lo haremos y sí daremos impresión de nuestra elección a veces pautada en una hoja de ruta con horarios marcados y teniendo en cuenta las distancias entre salas de proyección. Otros días, en cambio, esto se tornaba impracticable por problemas de organización, y allí el azar y el riesgo asumido en las lecturas de ciertas sinopsis temáticas daban el veredicto no siempre feliz. Y por qué no decirlo, alguna que otra elección se hacía mediante el consejo o recomendaciones amigas, y si aún esto satisfacía el gusto personal, existía la posibilidad de ir a buscar las entradas que se remataban después de las dos de la tarde en la sala de prensa, o sea: creer en la lotería.

La elección-selección de películas oficiales en competencia fue pareja, variada, con títulos y directores de renombre como Werner Herzog, Kim Ki-duk, Terrence Malick, y Stuart Gordon, que aportaron su cuota de fama internacional. Tal vez la marcada búsqueda, un tanto forzada en cada discurso oficial, sobre de la identidad latinoamericana del festival, determinó la discutida y sorpresiva elección como mejor película de Noticias lejanas (México). La portuguesa Alice, de Marco Martins, recibió el premio a mejor director. ¿El mejor director no hace la mejor película? Para este jurado no siempre.

Más allá del reconocimiento que recibió la película del mexicano Ricardo Benet, tuvimos la posibilidad de ver muy buenos trabajos como el poético y casi mudo film El arco (The bow) de Kim Ki-duk (de próximo estreno) y la original road movie brasilera de Marcelo Gomes: Cine, aspirinas y buitres, que le da una impronta fresca al cine de América del Sur con una historia simple, con buenas actuaciones y que narra muy bien algunas de las consecuencias directas que tuvo la Segunda Guerra Mundial en el país vecino.

La honesta y bella película iraní de Kambozia Partovi, Café Transit, cautivó a un gran sector del público debido al excelente trabajo protagónico de la actriz Fereshteh Sadr Orafai, quien en conferencia de prensa reveló algunos pormenores del grado de opresión que recae sobre las mujeres iraníes. En este aspecto, precisó que el sometimiento es mayor en las regiones más alejadas de la gran ciudad, y que era muy similar al planteado en el film. Ella encarna a Reyhan, una viuda con dos hijos que intenta independizarse de su cuñado -que la pretende por esposa, a pesar de tener una- y reabre el bar de su marido. La familia de su cuñado hace todo lo posible para que ella fracase en su empresa. En la lucha por sus derechos se desarrolla este logrado film que bien podría ser considerado como de género. Feresthteh, concluyó definiendo a Café Transit como "una película acerca de la religión, la tradición, pero, por sobre todas las cosas, de lo que se puede hacer a pesar de las dificultades y las barreras de la lengua, ya que Reyhan se comunica mucho mejor con los extranjeros que con sus propios cuñados".

Alicia en el país de las sombras

Alice, opera prima del portugués Marco Martins -quien recibió el Astor de Plata como Mejor Director-, es, para nosotros, la joya del festival. En ella Martins nos cuenta la historia de la búsqueda desesperada de un hombre cuya pequeña hija lleva 193 días desaparecida. Pero también la cotidianeidad de una Lisboa oscura y nostálgica, que parece compartir la tristeza del padre.

Después de cruzarse repetidamente con el director y el protagonista, Sudestada no pudo evitar sentarse a conversar un rato con ellos.

En Alice mostrás a Lisboa como una cuidad muy oscura, y la transformás prácticamente en protagonista de la película, ¿por qué?

Marco Martins: Yo quería hacer una película que hablase de la cuidad de Lisboa de la forma que yo la veo, que es muy diferente de las imágenes que normalmente se muestran de Lisboa, que son siempre un poco turísticas: una ciudad muy blanca, con gente muy simpática, que parece como una gran ciudad de provincia. Y la verdad es que no lo es. Es una ciudad cada vez más vacía, donde la gente vive afuera; hay como dos millones de personas que todos los días viajan a Lisboa para trabajar. Y ese era un tema que a mí me interesaba. Había oído la historia de una señora que había perdido el hijo hacía siete años y que nunca lo había encontrado. Empecé a investigar en Internet sobre otros casos de niños perdidos. Entonces me pareció que sería la historia ideal para hablar de Lisboa y del aislamiento y anonimato de las personas. Y escribí el guión. Después, cuando empecé a ensayar con Nuno, me dijo que tal vez sería bueno encontrar a alguien a quien le pasó eso, y entonces ahí sí fui a hablar con esa madre y ella fue increíble, porque fue muy abierta, nos abrió las puertas de su casa, comíamos ahí, estábamos con ella, nos contaba de todo, nos mostraba de todo. Y ha sido algo que nos ha tocado mucho. El film también es un poco un homenaje a ella, aunque la historia no tenga nada que ver. Era solamente para percibir el proceso psicológico por el cual pasa alguien que pierde un hijo.

Sentado en un sillón del Hotel Hermitage, Nuno Lopes, el protagonista del film, resulta irreconocible. Afeitado y musculoso, en nada se parece al demacrado y desaliñado personaje de Alice. La transformación física y emocional que llevó a cabo para interpretar al padre es sorprendente. Su actuación: segura, potente y convincente. El jurado, por su parte, decidió premiar a William H. Macy por su torcida interpretación de quien parece ser un primo lejano de Patrick Bateman en la película Edmond.

Y vos, Nuno, ¿cómo te preparaste para interpretar el papel del padre, entrando en contacto con esta mujer y de qué otra manera?

Nuno Lopes: Ese fue uno de los momentos principales de la preparación. Pienso que ha cambiado mucho a partir del momento que hablé con ella.

Marco Martins: Hay una cosa muy importante de la que nos hemos dado cuenta al entrar en contacto con esa madre, y es que cuando te sucede algo así tú como persona no existes. En el caso de esa madre, o él como Mario, no importa si comes, si no comes, lo que comes, si vas al teatro, porque se trata de una angustia, se perdió por completo toda la alegría de vivir. Vives en función de algo que está ausente y no sabes si vaya a volver.

Nuno Lopes: Ella nos decía, "no están hablando con Filomena, están hablando con la madre de Pedro", y eso es fundamental para el personaje. No quería hacer un personaje melodramático y con pena de sí mismo, porque podía tornarse en la película de un tipo que está muy triste, y no lo quería. Quería hacer algo sobre la esperanza desde el punto de vista del personaje. Pero al mismo tiempo es un personaje que está en una fase muy avanzada de destrucción emotiva, entonces adelgacé mucho, destruí mi aspecto: dormía muy poco, comía muy poco, para estar físicamente debilitado.

¿Por qué elegiste el nombre Alice?

Marco Martins: Porque yo pienso que el nombre Alice en nuestro imaginario funciona como una metáfora de las desapariciones. Y si bien quería que la película fuera sobre un caso concreto, también quería que el tema fuera más general, que las personas pensasen más cosas, y no solamente en esa niña. Cuando desaparecen niños con esa edad toda la gente empieza a imaginar cosas: ha sido vendido a una red de pedofilia, hay una madre que ha robado. Yo no quería eso, porque quería que la película estuviese centrada en el padre, en la obsesión, en el vacío. Si el film se llamaba Sandra o Mónica era mucho más personal, en cambio Alice tiene una connotación metafórica.

Alice se estrenó hace ya casi un año en el festival de Cannes. El premio recibido por su director (al que se le sumó el premio del FIPRESCI a la mejor película y el de ADF a Carlos López, como mejor director de fotografía, ambos otorgados por unanimidad) siembra la esperanza de que el film se estrene comercialmente en la Argentina. Por el bien del público esperamos que así sea. Sabemos que películas como El método o El nuevo mundo ya están rotando por las carteleras. Frente a esto, desearle un poco de buen cine a las salas nacionales nunca está de más.

Chicas superpoderosas

Una irlandesa treintañera emprende un viaje hacia Polonia en busca del padre de su hijo. Sólo habían pasado una noche juntos y los únicos datos que tiene de él son un nombre y una ocupación. En esa búsqueda, dura y prolongada, termina encontrándose a sí misma, de la mano de unos personajes a simple vista tan vulnerables como ella. Molly's Way (A la manera de Molly), opera prima de Emily Atef, es un film sobre mujeres y hecho por mujeres que, sin convertirse en un manifiesto feminista ni presentar a su protagonista como una heroína engañada y sufrida, se permite el derecho a reivindicar a la figura femenina como vulnerable y fuerte a la vez. Cuando Molly arriba a Polonia parece cándida e inocente, pero el tiempo y las relaciones que establece en el lugar la convierten poco a poco en una mujer capaz de elegir su destino sin depender de nadie más...

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº47

Comentarios

Autor

Anabella Castro Avelleyra

Autor

Jaime Galeano