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Resonancias del #8M

Ni punto de partida ni línea de llegada: el 8M es un episodio más en la crónica de la revolución feminista que crece en Argentina. Bárbara, Ismael y María son protagonistas de estas historias marcadas por una pelea activa, callejera y disruptiva contra el patriarcado. La etiqueta del género es lo de menos: lo que interesa es ese momento de quiebre en el que cada un@ se miró al espejo y pegó el salto. El 8M que se viene serán miles de historias como las que aquí contamos, abrazadas en un fuego indetenible.

La verdadera Bárbara
La foto fue viral y cumplió un año los primeros días de febrero. La chica estaba parada con el torso desnudo arriba del capó de un patrullero de la policía Metropolitana y un montón de mujeres la rodeaban para aclamarla. El móvil estaba varado en medio del Tetazo que se organizó en el Obelisco en 2017. Esa manifestación espontánea surgió como respuesta al ataque policial que recibieron un grupo de mujeres por tomar sol en tetas en una playa de Necochea: al menos veinte policías llegaron en seis patrulleros para obligarlas a vestirse y hasta las amenazaron con llevarlas presas.
Esa chica, que sostenía el lema "Ni Dios, ni patrón, ni marido" de la anarquista argentina Virginia Bolten sobre el auto, se llamaba Bárbara. Días después la escracharon, recibió amenazas de muerte y algunas personalidades, como la guionista Malena Pichot, salieron al cruce para defenderla. A un año de esa foto, Bárbara no se arrepiente de lo que pasó ese día, porque fue para decir basta.
Tiene 29 años y es vendedora de ropa. Quiso ser profesora de inglés pero dejó los estudios porque la aburrían. La primera vez que se reveló contra el mundo de los adultos no era feminista. Tenía 16 cuando intentó tomar el Colegio Nacional de Bella Vista, también llamado "Mercadito", con un par de compañeros y compañeras de curso. Estaba harta de morirse de frío o de calor por la falta de calefacción, de que les lloviera el techo del aula y de que le negaran el desayuno que correspondía por ley. Exigió todas esas cosas a los gritos a través de un megáfono y la directora amenazó con amonestarlos a todos.
A Bárbara desde chica le interesaron las luchas sociales, o como ella las llama: "las luchas sociomentales"; aquellas que más impactan en la vida de las mujeres. Su activismo emergió viendo a las "locas" que cortaban las calles por las fumigaciones de los campos llevadas a cabo por empresas como Monsanto. La inspiraron esas mujeres, las que ponían el cuerpo para reclamar por los abortos espontáneos o por la muerte de sus maridos e hijos a causa de los agrotóxicos. Las que apenas sabían de la toxicidad del cianuro volcado en el agua y la contaminación de las megamineras y sin embargo se volvían líderes de protesta, como sucedió en la localidad de Famatina, en La Rioja.
El sentirse feminista estaba sólo a un paso. Para ese entonces, Bárbara era una joven tímida que se vestía de negro y rechazaba la idea de ser igual a los demás. Al mirar la televisión, siendo todavía una niña, comenzó a darse cuenta de que en su cuerpo había marcas de abuso sexual y su victimario estaba en su propia casa: era su hermano. Bárbara calló durante mucho tiempo hasta que conoció a Federico, un pibe humilde, de pocas palabras y trabajador con el que se puso de novia. Él empezó a notar comportamientos extraños cuando pasaban tiempo juntos. A veces ella tenía miedo, se ponía triste y temblaba. Cuando se enteró el por qué, le insistió para ir los dos a contárselo a la mamá de Bárbara, una católica muy creyente que se dedicaba a coser. "Mis palabras no la conmovieron. Fede insistió. Le dijo que yo no era como cualquier chica, que se notaba que estaba traumatizada, que no me sentía cómoda. Mi vieja, que lo quería mucho, escuchó, pero tomó distancia", explica Bárbara a Sudestada.
No podía juntarse con su novio porque no les alcanzaba para un alquiler, por eso vivió de casa en casa y tuvo que volver algunas veces a lo de sus padres. Soportó su silencio, dejó de ir a las reuniones familiares para encerrarse en su cuarto y, con el tiempo, empezó a hacerle frente a su hermano. "Ya no me hace lo mismo. Ya no me golpea, ni me insulta, porque yo me defiendo", aseguró.
Hoy Bárbara reconoce que tenía el pensamiento machista de que su novio la iba a salvar, que era su héroe. Pronto, con la llegada del feminismo a su vida, entendió que la respuesta estaba en ella misma. Dejó la timidez de lado y empezó a vestirse como quería. Creyó injusta su postura en contra de las mujeres que abortaban y de las que ejercían la prostitución si deseaban hacerlo. Al conocer historias similares a la suya, empezó a conectarse con esas mujeres, a darles una palabra de aliento, porque en esos testimonios leía el mismo dolor que ella sentía. Así se animó, este año y por primera vez, a denunciar públicamente a su abusador y recibió miles de mensajes de apoyo en sus redes sociales. "Salgo a bancar la parada por las demás porque pienso en ellas como si fuera yo. Sé lo que se siente cuando todos están contra vos y nadie te quiere ayudar", reconoció.
Días previos al Tetazo se enteró de la convocatoria a través de un grupo de Facebook compuesto sólo de mujeres. Decidió ir sola. Al principio estaba en corpiño porque le daba vergüenza, pero dentro de ella pujó la necesidad de liberarse. Cuando se animó a sacárselo, una piba le pintó dos flores rojas y amarillas y el símbolo de la mujer cerca del ombligo. Ya había dado un gran paso. A lo lejos se escuchó un grito femenino. Un par de varones se burlaban, hostigaban con sus cámaras e intentaban tocar a las manifestantes. Eso la indignó aún más. El patrullero a la deriva ya estaba rodeado y lleno de grafitis. En ese momento, Bárbara sintió que una batucada de lesbianas la arengó sin querer. Fue un arranque. Ni lo pensó. Con la cartera al hombro, tomó impulso con el paragolpes, se subió y posó para las cámaras. En las imágenes congeladas y en los videos se la ve mirando hacia el frente, sin decir ni una palabra. Les sonrió a todas y su mente se puso en blanco, dejó de escuchar los ruidos de las que le gritaban desde abajo. Ahí estaba la verdadera Bárbara sosteniendo en alto sus ideales. Contra la autoridad, contra las instituciones y contra ese modelo de mujer que había intentado seguir...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada... ¿Por qué publicamos apenas un fragmento de cada artículo? Porque la subsistencia de Sudestada depende en un 100 por ciento de la venta y de la confianza con sus lectores, no recibimos subsidios ni pauta alguna, de modo que la venta directa garantiza que nuestra publicación siga en las calles. Gracias por comprender)

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Autor

Agustina Lanza