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Mi cuerpo, mi decisión

Harás un parto sin violencia

Las prácticas deshumanizadas y la reproducción del modelo hegemónico a la hora de la atención de una parturienta se repiten en gran parte del sistema de salud actual: el tacto desmedido, la violación al derecho de decidir sobre su cuerpo y la coartación de la posibilidad de ser acompañada, son apenas algunos elementos de un fenómeno que padecen el 77 por ciento de las mujeres en ese tránsito. ¿Por qué la violencia obstétrica es un fenómeno tan arraigado? ¿Cómo hacemos para revertir esa tendencia? ¿Cuál es el rol de la mujer empoderada para evitar abusos de ese tipo y exigir un parto respetado? En esta crónica, te proponemos un acercamiento a algunos casos particulares que terminan delineando un diagnóstico y una esperanza para una nueva forma de parir.

Las contracciones llegaron antes de lo esperado. El embarazo sólo llevaba 34 semanas. Aldana Nuñez comenzó a sentir un dolor fuerte en la espalda y en su parte abdominal. No creyó que ya era la hora. Trató de tranquilizarse, le avisó a su marido y preparó la comida. Mientras, se acrecentaba el calor que le recorría la espalda de punta a punta y le nublaba la vista. El miércoles 15 de noviembre a las dos de la tarde, la joven de 21 años entró de urgencia al Hospital Paroissien ubicado en el partido de San Justo. La única seguridad que tenía en la guardia era lo que Verónica Rodríguez, la obstetra que la atendió durante los ocho meses, le había indicado: "Si se adelanta el parto y yo no estoy de turno vos deciles que tenés dos bolsas y una placenta. Tenés que ir a una cesárea".
Según informó UNICEF, el 40 por ciento de las madres jóvenes no están buscando un embarazo. Aldana se asombró con la noticia al ver que su segundo test daba positivo. La sorpresa fue mayor cuando en la primera ecografía se escucharon latir dos corazones. Eran gemelos. Una mañana se levantó "rara" y le mandó un mensaje a su cuñada: "¿Esto son las contracciones?". Ella no sabía lo que eran excepto por algunos videos que había visto en Youtube.
Rodolfo Acevedo era el obstetra que estaba de turno y quien decidió no escuchar a la madre y continuar con la rutina para realizar un parto vaginal. El panorama era difícil y el riesgo era alto. Luego de varias horas de trabajo de parto en una sala compartida, comenzaron las prácticas deshumanizadas y la reproducción del modelo hegemónico que se implementa en gran parte del sistema de salud actual: el tacto desmedido, la violación al derecho de decidir sobre su cuerpo y la coartación de la posibilidad de ser acompañada, entre otras. Según afirmó el último informe del colectivo Ni una menos, alrededor de un 77 por ciento de las mujeres las padecieron.
"Muchas veces le pedí que pare que me estaba lastimando. Tampoco me prestaba atención cuando le rogaba que lo dejara entrar al papá de los bebés", aseguró Aldana, consultada por Sudestada. Luego de seis horas, el primero en salir fue Máximo que no pasó ni un segundo en el pecho de la madre y fue directo al servicio de Neonatología con un peso de 2 kilos 270 gramos. "Nosotras estábamos al lado de ella y oímos todo lo que le decía el doctor. Aldana la pasó muy mal", confirmó a Sudestada Lucia Cinthia Amaya, otra de parturientas ubicada en la misma habitación.
Aún faltaba el segundo y Acevedo insistía: "Pujá, no digas que no podés porque acá nadie puede decir que no puede". Ella respondía que ya no tenía más fuerzas. Las parteras eran las únicas que le ofrecían un consuelo. Aldana intentó convencerlas para que la ayudaran a que el médico la escuchara. Pero no podían hacer nada porque "estaban a sus órdenes".
El ambiente se puso mucho peor cuando Aldana dejó de notar signos vitales en su panza. "Yo me dí cuenta de que algo estaba pasando y le grité que ya no sentía a mi bebé. Tardaron un rato en traer un monitor para controlar los latidos y cuando lo trajeron se olvidaron el gel que te ponen en la piel", contó. El maltrato no terminaba. Comenzaron a realizarle maniobras de Kristeller; que consiste en apretar el abdomen para apurar la salida del bebé y que es un procedimiento desaconsejado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por ser altamente peligroso. Después de largos minutos de pujos fallidos y mucho dolor, el obstetra finalmente decidió realizarle la intervención quirúrgica. Las últimas palabras que escuchó Aldana antes de quedarse dormida fueron: "El bebé se está asfixiando por tu culpa". León nació con 2 kilos 200 gramos.
Carmelo Morales pudo contactarse nuevamente con su esposa pasadas las once de la noche. Desconocía lo que había sucedido dentro de la sala de parto. Aldana, aún con los efectos de la anestesia en el cuerpo, trató de explicarle y le indicó: "Andá a verlos ya". Morales logró entrar a Neonatología y notó algo extraño. "Máximo fue el primero con el que tuve contacto. Después miré hacia la otra incubadora y su hermano estaba violeta, con moretones por todo el cuerpo, débil y conectado a un montón de cables", dijo a Sudestada. Al día siguiente llegó el primer parte médico en la voz del doctor Fortunato. Las esperanzas eran pocas para León: tenía las pulsaciones muy bajas, algunos órganos sin funcionamiento y descenso de peso. Falleció a los dos días.
La familia comenzó a informarse sobre la violencia obstétrica y se acercó a la comisaría a hacer la denuncia. La respuesta no fue la esperada al igual que en la Defensoría del Pueblo. Sin descanso, continuaron con el pedido de justicia en la fiscalía N°3 de San Justo. "Ahí nos ayudaron un poco más. Nos comentaron los pasos a seguir, imprimieron un formulario para denunciar y nos aseguraron que iban a retener la historia clínica...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada... ¿Por qué publicamos apenas un fragmento de cada artículo? Porque la subsistencia de Sudestada depende en un 100 por ciento de la venta y de la confianza con sus lectores, no recibimos subsidios ni pauta alguna, de modo que la venta directa garantiza que nuestra publicación siga en las calles. Gracias por comprender)

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Autor

Micaela Arbio Grattone