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Antihéroes. María Claudia Falcone

"Me interesaba conocer cuáles eran sus sueños, cómo pensaba"

Lejos del mito ingenuo y vacío de sentido que se intentó construir alrededor de María Claudia Falcone y de sus jóvenes compañeros, secuestrados durante la dictadura militar en el operativo que se conoció como “La noche de los lápices”, el libro de Leonardo Marcote propone acercarle al lector un perfil humano, profundamente político pero también vital, de aquella joven pero al mismo tiempo, retratar una marca generacional de todos aquellos que pretendían poner al mundo patas para arriba.

Si hay una historia que permite comprender a ciencia cierta la perversidad del plan criminal ejecutado por la última dictadura cívico-militar, esa es la de los chicos que protagonizaron "La noche de los lápices". Tal vez porque en ese episodio se condensa la aberración extrema de un sector de la población que fue capaz de incentivar y de respaldar el secuestro, la tortura y la desaparición de jóvenes estudiantes y militantes políticos. Por esa razón, la historia de estos chicos aún conmueve, moviliza, despierta indignación. Pero también por ese mismo motivo, se hace imprescindible conocer el entramado real de sus jóvenes vidas: si durante los años ochenta se pretendió desde el periodismo y el cine, particularmente a partir de la película La noche de los lápices, imponer un matiz despolitizado, extremadamente ingenuo y carente de sustancia política por las razones que fuera (la poderosa teoría de los dos demonios, la influencia densa del aparato militar, la derrota del proyecto revolucionario), en el presente ya no queda otro camino que hurgar en el rostro verdadero de la historia. Precisamente, ese es el esfuerzo que realizó el periodista Leonardo Marcote durante siete años de investigación sobre la vida de María Claudia Falcone; un trabajo que culmina con la publicación de su biografía. En el libro editado por Nuestra América, emerge la estampa de una adolescente inteligente, divertida y comprometida con la causa revolucionaria, como tantas y tantos otros jóvenes de esa generación que intentaron cambiar la política argentina desde la raíz, en su caso a través de militar en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), vinculada a Montoneros. A partir del recuerdo de amigos, compañeros y familiares, Marcote dibuja un perfil de Falcone que logra limpiarla de las telarañas de la idealización hueca y también de la construcción de un personaje cómodo para los historiadores tibios. Es que la historia de María Claudia interpela el corazón de un proyecto revolucionario que plantó una semilla en el suelo de los años setenta. Para comprender la dimensión de la vida de María Claudia, pero también para acercarse a la vitalidad, la belleza y las contradicciones de aquella generación rebelde, es que decidimos conversar con el autor.


–¿Cuál es la raíz de este libro? ¿Por qué decidiste contar la historia de María Claudia Falcone?


–En el verano de 2009 le hice una entrevista a Jorge, su hermano, para una de las materias de Periodismo que cursaba en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Conversamos cerca de cuatro horas y me impactó su discurso. Tenía otra visión totalmente distinta de lo sucedido en los años setenta en Argentina. En ningún momento de la charla victimizó a su hermana y, por el contrario, resaltó su lucha al punto de dejar en claro que ellos dos, María Claudia y Jorge, fueron a la conquista de la vida o la muerte. Entonces, era toda una revelación para una generación que conocía y aun conoce la historia de María Claudia a través de la película La noche de los lápices, del director Héctor Olivera, donde la muestra a Claudia como una piba buena onda pero no como una militante del peronismo revolucionario que combatió a la dictadura hasta el 16 de septiembre de 1976, cuando es secuestrada y desaparecida. El testimonio de Jorge pone las cosas en su lugar y nos ayuda a pensar de otra manera a los militantes de los años setenta. A partir de esa primera entrevista surgió la idea de escribir este libro. Sentí que era una necesidad escribirlo para que las nuevas generaciones puedan conocer, a través de muchos testimonios, la historia de María Claudia.


–Investigaste durante muchos años, entrevistando a familiares, amigos y compañeros. ¿Qué aspectos de la vida de María Claudia te resultaron más interesantes o llamativos?


–La investigación me llevó cerca de siete años. Pude ubicar a sus compañeras de primaria, a sus amigas del barrio, a sus compañeros del Bachillerato Bellas Artes, a los de la militancia. Entre todos hicimos un trabajo de memoria colectiva muy importante. Hay cosas que me han impactado de su corta vida como el cuidado que tuvo hacia sus amigos, particularmente en los momentos más feroces de la represión. Claudia, con sus quince años, fue consciente en todo momento que cualquier paso en falso podía costarle la vida a ella y, sobre todo, a los que tenía alrededor, que eran muchos porque siempre fue una adolescente que tenía muchos amigos. Hay testimonios en el libro que destacan esa virtud y esa capacidad para entender que las cosas, a partir del 24 de marzo de 1976 comenzaban a ponerse más oscuras. Hay amigos que estuvieron con ella días antes de desaparecer y destacan que los cuidó hasta el final...


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Autor

Ignacio Portela