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Dossier-Polémica

Indio, Olavarría y después

Un recital que convoca multitudes. Un músico que camina sobre el filo del mito. Un concierto que puede ser el último. Una lírica singular sobre el escenario, que se extingue. Una mística tribal y festiva en los alrededores. Una distorsión absoluta en el reflejo de los grandes medios de comunicación. Un fenómeno social que atraviesa generaciones y clases sociales. Una operación política en marcha. Dos muertos. Una polémica desatada en la que todo parece confundirse. Responsabilidades cruzadas y opiniones diversas. En esta producción especial, varios cronistas y una fotógrafa de Sudestada viajaron hasta Olavarría para registrar un momento único, y abrir el debate con nuestros lectores.

NO PERDAMOS LA LIBERTAD

(por Leandro Albani)


"Un último secuestro, ¡no!
El de tu estado de ánimo, ¡no!
Tu aliento vas a proteger
en este día y cada día"


"Canción para naufragios", del disco Oktubre, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.




La primera sensación fue de total desamparo. En el viaje de vuelta de Olavarría, y también charlando en Buenos Aires y en Pergamino con amigos que fueron a ver al Indio, la sensación era esa, o similar: nos habían dejado solas y solos, pese a los esfuerzos para llegar, después de varios días, al recital. Pero, sobre todo, el malestar era con el Indio. No sólo por los dos muertos, por la salida caótica del recital, sino porque, otra vez, la gran banda que lo acompaña no se escuchaba. Aunque las torres de sonido eran imponentes, aunque todas y todos creíamos que después del concierto en Tandil, en 2016, por fin el Indio y su séquito habían encontrado el "punto" para el sonido.
Pero despejemos interrogantes. ¿El Indio tiene responsabilidad por lo que sucedió en Olavarría? Por supuesto que la tiene. Las razones van desde el desborde en la capacidad del predio hasta su afán desesperado por romper récords. ¿Y el Estado? Claro que tiene responsabilidades. El desbande en la salida del recital, la nula atención médica fuera del predio, la mala señalización de una ciudad inundada de gente son algunos puntos oscuros que tendrán que explicar, en algún momento, el municipio o el gobierno provincial.
Aunque el golpe más fuerte para quienes viajamos a Olavarría es el peligro de perder un espacio de plena libertad y disfrute. Porque los recitales del Indio, con el tiempo, se convirtieron en un largo y frenético fin de semana en donde cientos de miles de personas vivían a flor de piel los espasmos de una felicidad que, por estos días, parecen esfumarse con la rapidez de una brisa. Y los recitales del Indio, pero sobre todo quienes en peregrinación llegábamos a cualquier ciudad del país, era el fuego que rompía con la tibieza de esa brisa.
Resulta curioso cómo los grandes medios de comunicación –y también algunos "populares" y "comprometidos"– nos atacaron, básicamente por borrachos y faloperos. Para ellos, defensores de una moralidad patética, ir a ver al Indio significa solamente desatar un río de drogas y alcohol. Y se equivocan. Porque entonces quién explica que 300 o 400 mil de esos "borrachos" y "faloperos" apenas provocan disturbios o situaciones de "inseguridad". Todo lo contrario. En los recitales del Indio, además de comprobarse de que cuando la policía no asoma la nariz la vida es mucho más segura y placentera, se logra un nivel de fraternidad y compañerismo que pocas veces se observa...


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"Y en toda la Argentina comienza el carnaval"

por Tamara Haber y Yamila Panizza


"Banderas en tu corazón", grita Verónica agitando el buzo, en medio de un pogo improvisado en la calle Pringles de Olavarría. "Es que el Indio es lo más", repite. Son las 15:30 y faltan horas para que el Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado toquen en el predio rural La Colmena, pero la ciudad ya es ricotera. Colectivos de línea, escolares, camiones, motos, combis y autos de todos los colores desde todos los puntos del país toman las rutas hacia la localidad bonaerense. Diez horas tardó un grupo que vino desde Quilmes. Veintisiete horas un grupo del Chaco. Desde Bariloche, Ángel que lleva años yendo a ver al Indio y antes a Los Redondos, llegó el viernes. También gente de Mendoza y hasta de Paraguay.
Las avenidas Pringles y Avellaneda son las arterias que conducen al predio en donde será el show, pero son también el escenario de las horas previas y en dónde se instala la feria itinerante que el Indio arrastra como aura indisociable de sus recitales. Una feria improvisada de todos los rubros: gastronomía con un menú que empieza con el clásico chori pero se atreve también al chorizo a la pomarola y al pollo al disco. Los puestos de souvenirs, que pueden ser cualquier objeto imaginable marcado a fuego con el amplio abanico de simbología ricotera que, como talismanes, son ofrecidos al público. Las casas devenidas en bares que ofrecen promociones al por mayor de fernet y cerveza y que con equipos a todo volumen inoculan pogos espontáneos en el paseo de la feria. Las bandas tributo con minuciosos imitadores del Indio Solari se instalan en algunas esquinas y, como peñas, recrean momentos míticos de la misa india. Las pibas y los pibes entran en calor y se arma un pogo a todo trapo. En ese trance, Verónica y su compañero cierran los ojos, abren los brazos y, como un abrazo al cielo, cantan "maldición va a ser un día hermoso, maldición...".



El corso
La caravana de personas no deja de circular por las calles principales en dirección al predio, haciendo desfilar sus trapos con orgullo como estandartes en carnaval. Son largas cuadras pero la previa no es una espera, es parte del ritual. Muchas veces comparamos los shows del indio con la Misa: los ricoteros como comunidad religiosa, la simbología sagrada y el indio como maestro de ceremonias. Pero quizás pueda también compararse con el carnaval. En los días de carnaval, las normas establecidas se interrumpen. Podemos ser otros y fundirnos en un colectivo más grande. Romper la rutina. Dar rienda suelta a la emoción y a la euforia que las normas sociales muchas veces nos obligan a regular o directamente a ocultar. No se trata de una anomia. Se practican otros códigos otra emocionalidad. El espacio público es copado por este carnaval: el mobiliario urbano vestido con banderas que rezan frases y localidades, los "trapos" que se anteponen y disfrazan las casas particulares, los negocios y las escuelas. El clásico "traje", que no es de razo ni tiene levita, pero que enmarca una pertenencia. Ninguna parte de la ciudad ignora el carnaval. Y en este corso, entre los bombos y la muchedumbre, nos acercamos a La Colmena.



Esos dolores dulces
¿Por qué tanta gente viajó a Olavarría? No es cualquier lugar: Olavarría tiene el peso de lo que no pudo ser. Fue el escenario de una histórica conferencia de prensa de los Redondos, en 1997, cuando el intendente de entonces prohibió el recital a través de un decreto sólo dos días antes de la presentación. Muchos ricoteros de todo el país ya iniciaban su viaje o incluso habían llegado a la ciudad. El Indio, Skay, Semilla Bucarelli y Walter Sidotti, que hasta entonces no habían hablado nunca con la prensa televisiva...


Fotos de Paula García


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada... ¿Por qué publicamos apenas un fragmento de cada artículo? Porque la subsistencia de Sudestada depende en un 100 por ciento de la venta y de la confianza con sus lectores, no recibimos subsidios ni pauta alguna, de modo quela venta directa garantiza que nuestra publicación siga en las calles. Gracias por comprender)

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Autor

Santiago Brunetto

Autor

Gustavo Grazioli

Autor

Leandro Albani

Autor

Lucas Napoliello

Autor

Tamara Haber y Yamila Panizza