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Nuestra América

Colombia. Las FARC desde adentro

El recorrido de la paz en Colombia no es fácil y sus complejidades calan en lo profundo de un pueblo fragmentado. Desde un campamento de la insurgencia, en Icononzo, un cronista de Sudestada ofrece una postal singular de la actualidad de la guerrilla más antigua del continente(las FARC-EP), los retos para el futuro y la incertidumbre ante el acecho permanente de los sectores de la derecha más peligrosa de América Latina.

Pese al desinterés generalizado de la opinión pública colombiana, el proceso de paz avanza, aunque más lento que seguro. Desde comienzos de este año, el desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) –una de las guerrillas más antiguas del continente, compuesta por 7 mil hombres en armas y alrededor de 14 mil milicianos– fue cediendo espacios en la agenda de preocupaciones de los grandes medios de comunicación. No obstante, en momentos en que el gobierno de Juan Manuel Santos intenta un diálogo con la segunda guerrilla más importante del país –el guevarista Ejército de Liberación Nacional (ELN)–, una negociación de bajo perfil seguramente le ahorrará fiascos, como la derrota en el plebiscito del 2 de octubre pasado, cuando esperaba ganar por más de 15 puntos de diferencia pero terminó perdiendo por sólo 60 mil votos. El resultado fue de 49,78 por ciento para el "Sí" frente al 50,21 que votó por el "No", en medio de un abstencionismo superior al 60 por ciento del total del padrón.
Tal panorama es la manifestación de un país segmentado. Y si omitimos a ese 60 por ciento que no fue a votar –ya que el abstencionismo es un fenómeno transversal a toda la sociedad– se observará que, a grandes rasgos, existen dos Colombias: una urbana, leguleya y replegada sobre sí misma; y otra rural, que durante muchos años sólo conoció las penurias de la guerra y el abandono del Estado. Y sin embargo, como polos opuestos, ambas Colombias se encuentran y se vuelven a rechazar. Como ocurrió el 1° de abril en que los principales referentes del "No" (uribistas, conservadores y líderes eclesiásticos) convocaron una multitudinaria marcha en contra de la "corrupción, el comunismo castro-chavista y la entrega del país a las FARC". Es que a pesar de las reformas introducidas en los acuerdos tras el plebiscito y de la correspondiente refrendación por vía parlamentaria, amplios sectores de la población se resisten a cualquier resultado que no se parezca a una capitulación por parte de la guerrilla, con entrega de armas y cárcel para sus miembros.
Sin embargo, todo indica que ello no ocurrirá, pues como parte de lo acordado las fuerzas guerrilleras ya están concentradas en zonas especiales, listas para la "dejación de armas" y su posterior reincorporación a la vida civil. Incluso, con esa finalidad, el Congreso Nacional aprobó en marzo de este año un sistema especial de justicia transicional que, entre otras cosas, dispone sanciones que van desde dos años de cárcel para quienes no hayan tenido una participación determinante en casos graves y reconozcan la verdad, hasta veinte años de prisión para aquellos que no reconozcan su participación en delitos graves y sean condenados durante el juicio.
Como en un laberinto de espejos, ambas Colombias eluden su propio reflejo para hallar la salida, pero también se traen y se buscan... Así al menos parecen sentirlo los contingentes de jóvenes universitarios, tanto bogotanos como extranjeros, que visitan los campamentos guerrilleros para estudiar de cerca el proceso de paz, o simplemente para saber cómo es, cómo piensa, cómo vive y cómo teme una persona que nunca conoció la ciudad, o que se fue de ella para un día volver triunfal sin saber que ese día nunca iba a llegar.



Colombia rural: tan cerca, tan lejos…
El municipio de Icononzo, región en donde se encuentra uno de los campamentos de las FARC-EP, está a sólo 125 kilómetros de Bogotá. Sin embargo, el viaje es largo y sus etapas se distinguen por los cambios climáticos y geográficos: saliendo de la fría Bogotá todo es bajando las montañas hacia las zonas de tierra caliente. Ya en la veraniega ciudad de Melgar, el viaje se transforma en un zigzagueante ascenso hasta llegar muy cerca de las nubes.
Icononzo es un poblado construido con esfuerzo e ingenio en la ladera de una montaña. Allí todo está en declive, incluyendo la iglesia y la plaza central. En Icononzo sólo se puede subir o bajar, y para llegar al campamento guerrillero hay que subir una hora más. Pero, debido a las lluvias y los caminos de tierra, sólo se puede ascender en 4x4, tractor o "chiva", una especie de camión-trasporte-colectivo de mercaderías y pasajeros.
Una vez en Icononzo todo parece lejano, y más aún para aquellos que pasaron más de la mitad de su vida en el monte, como es el caso del comandante Fernando Ordóñez, miembro de la Dirección del Bloque Oriental de las FARC, quien se unió a la guerrilla hace treinta años para salvar su vida. Hasta la edad de 26 años, Ordóñez fue militante de la Unión Patriótica (UP), partido político de inspiración farciana que en 1980 intentó una experiencia de participación política-legal, pero que fue duramente reprimido por el paramilitarismo. La oleada de sangre dejó como saldo el asesinato de dos candidatos a la presidencia, ocho congresistas, trece diputados, setenta concejales, once alcaldes y 5 mil militantes; una masacre reconocida en 2014 por el propio Estado colombiano. Quienes sobrevivieron marcharon al exilio o, al igual que Ordóñez, se "enmontaron"...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada... ¿Por qué publicamos apenas un fragmento de cada artículo? Porque la subsistencia de Sudestada depende en un 100 por ciento de la venta y de la confianza con sus lectores, no recibimos subsidios ni pauta alguna, de modo quela venta directa garantiza que nuestra publicación siga en las calles. Gracias por comprender)

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Autor

Pablo Leonardo Uncos