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El pucho en la oreja

Homero, el adelantado

El cantor de tangos es un mediador entre el poeta y el público. No todas las músicas populares tienen esta condición. El tango sí, tal vez porque sea grave, misterioso, de aguas profundas. Como el hacer y el decir de los dioses griegos, también de profundidad y también de mediación: las pitonisas, en la Grecia antigua, eran las mediadoras entre los dioses y los hombres.

El cantor de tangos es un mediador entre el poeta y el público. No todas las músicas populares tienen esta condición. El tango sí, tal vez porque sea grave, misterioso, de aguas profundas. Como el hacer y el decir de los dioses griegos, también de profundidad y también de mediación: las pitonisas, en la Grecia antigua, eran las mediadoras entre los dioses y los hombres. El hombre quería saber su destino y consultaba entonces a las pitonisas. Estas daban sus respuestas de un modo enigmático, oscuro. Un acertijo que el hombre debía resolver. Se trataba de una lucha entre lo divino y lo humano: los dioses griegos no son afectos a develar su saber y obligan al hombre a tener que luchar para poder conseguirlo. Era pura agonía, pura lidia por develar el destino. (El primer tango canción, "Mi noche triste", tiene este espíritu griego: que la mujer se vaya es el efecto de su decisión; que él se quede amurado, es todo su destino).
El poeta griego, como Homero, el del comienzo. No nuestros Homeros, Manzi y Expósito, sino aquel otro, el de la Ilíada y la Odisea. Ese Homero era ciego y por ello sabio, porque veía sólo con el alma aquello que hay que ver y no con los ojos, con los que no se ve nada. El poeta traía la voz y el hacer de los dioses a la ciudad; o sea, la palabra del dios se politiza, vincula a unos con otros, dice la tradición, funda el saber de la polis griega. El esplendor de Atenas es este, el de fundar una memoria para el pueblo que va a ser inalterable.
El poeta es un hacedor de memoria para el pueblo; el pueblo puede no conocer esa memoria pero la vive en carne propia. En Argentina, está escrita de diversos modos. En el siglo xx, sin dudas buena parte de esa memoria fue hecha por los poetas de la cultura popular, en el tango, en el teatro y en el cine. El esplendor del tango en la Argentina, en la primera mitad del siglo, es elocuente: Cobián, Amadori, Manzi, Manuel Romero, Discépolo, Troilo, Le Pera, Celedonio, Elvino Vardaro, González Castillo, Contursi, Arolas, Cátulo, Cadícamo, Miguel Caló, Gobbi, Goñi, Kicho Díaz, Piazzolla. Carlos Gardel. Todos, todo junto, por la misma vereda y cruzando la misma calle. Atenas en Buenos Aires, el siglo v antes de Cristo en el 1900; el Egeo por el Río de la Plata y la lira por el fueye. De los 200 años de vida libre argentina, hay cincuenta de belleza extrema. La memoria es esta, de poesía musical y de palabras a ritmo. El cantor en el medio, sibilino, llevando de un lado a otro la música y la palabra.
¿Es posible que haya un poeta para un cantor? Edmundo Rivero, ¿está hecho de Celedonio Flores? Fiorentino, ¿está hecho del Gordo Troilo? ¿Y Roberto Ray de Fresedo? Goyeneche, ¿está hecho de Homero Expósito?...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada... ¿Por qué publicamos apenas un fragmento de cada artículo? Porque la subsistencia de Sudestada depende en un 100 por ciento de la venta y de la confianza con sus lectores, no recibimos subsidios ni pauta alguna, de modo quela venta directa garantiza que nuestra publicación siga en las calles. Gracias por comprender)


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Autor

Gustavo Varela