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Editorial

Los dueños de todo vs. nosotros

Entonces, es verdad. Esos, los dueños de todas las cosas, los patrones de estancia, los administradores del ajuste, los gestores de la miseria ajena, los racistas que coleccionan desprecios, justo ellos, un día ganan elecciones, ocupan cargos públicos, conducen los destinos de la patria saqueada, se burlan ante las cámaras de los mansos televisores, cierran negocios que festejan sus familias patricias...

Entonces, es verdad. Esos, los dueños de todas las cosas, los patrones de estancia, los administradores del ajuste, los gestores de la miseria ajena, los racistas que coleccionan desprecios, justo ellos, un día ganan elecciones, ocupan cargos públicos, conducen los destinos de la patria saqueada, se burlan ante las cámaras de los mansos televisores, cierran negocios que festejan sus familias patricias, ordenan subas de tarifas que deshilachan el bolsillo de los trabajadores, se jactan de su aristócrata origen y anuncian una nueva "Conquista del Desierto" contra la ignorancia de los que no quieren someterse, ponen el grito en el cielo y se lamentan por el uso del "pensamiento crítico" como herramienta para razonar, se persignan sumisos ante la sucia sotana de esa Institución que los moldeó con formas miserables y agradecen a la divinidad de los ricos (como antes se arrodillaban ante los uniformes), se entreveran en discusiones numéricas sobre la cifra de desaparecidos con la impunidad de quien se sabe dueño de la calculadora, firman al pie documentos que endeudan a varias generaciones, se muestran occidentales y cristianos ante la visita ocasional de algún CEO del mundo civilizado, se ríen de sus propios pésimos chistes y festejan sus humoradas con los mercenarios que replican su mensaje, pagan los favores recibidos a quienes colaboraron para que ellos llegaran allí, donde están ahora.


Bien arriba de todos, sonriendo.


Entonces, ellos, un día, los dueños de todo, se aplastan en la mesa de los burócratas sindicales y firman la paz, ofrecen extorsiones en cuotas para garantizar la calma ante los autodefinidos capataces de la protesta social, reparten sus naipes y muestran su juego a la carroña de jueces y entenados que procuran quedar bien con el poder de turno, cierran filas en sus bancas parlamentarias y negocian con habilidad leyes que pasan sin obstáculo alguno, explican ante los micrófonos que su proyecto de ajuste, de endeudamiento, de corrupción, de saqueo, de miseria, de profundo desprecio racista contra el país que trabaja todos los días, en realidad es una moderna fórmula probada en los países más arruinados del mapa.


¿Tienen razón los que se preguntan cómo es posible que estos tipos, que ellos, un día, los dueños de todo, se ganaran la simpatía (o el voto, o la resignación, o cualquier cosa que no sea el odio más profundo) de tantos que viajan en colectivo cada mañana, que padecen la violencia policial en los barrios, que saben que siempre hay un uniforme detrás de cada transa, que ven los sueños de sus hijos en peligro, que la inflación se come sus magros salarios? ¿Tienen razón los que todavía esperan o pelean por una propuesta política que vaya más allá de rosquear con el aparato más degenerado de corrupción para mover fichas sobre el paño electoral, que vaya más allá de los figurones que nunca están cuando hay despedidos en una fábrica, cuando hay mujeres muertas por el patriarcado, cuando hay pibes con hambre? ¿Tienen razón los que se preguntan cómo es posible que la bronca no se organice, que las calles estén vacías, que las piedras estén lejos de sus vidrios, que el poder de turno duerma la siesta? ¿Tienen razón los que no se resignan, los que pelean desde abajo, los que ya no creen que la solución sea siempre elegir el "mal menor", los que apuestan a sembrar conciencia y no a disputarse un carguito, los que desconfían de los punteros que supieron entregarle en bandeja la llave maestra del país a esos, a ellos, a los dueños de todo?


EN LAS CALLES


Las transformaciones profundas, los cambios de raíz en la Historia, se determinan en las calles. No en el Parlamento de los privilegiados, de la casta de siempre. No en los despachos de los que juegan a la política como si se tratara de un tablero de ajedrez. No en las redacciones de los mercenarios, que responden a los intereses de sus patrones. En las calles. Por ese motivo, tanto el 8 como el 24 de marzo se juega una parada brava para las y los miles de trabajadores. En esas dos fechas de enorme significación histórica (la primera, el día internacional de la mujer; la segunda, un nuevo aniversario del golpe cívico-militar más sangriento de nuestro pasado), serán las y los miles en las calles quienes impongan la agenda de discusión en los barrios, en las escuelas, en las fábricas. Contra el patriarcado y contra la violencia machista. Contra el olvido y los cómplices del genocidio. Por un presente que integre a las mujeres sin violencias físicas ni simbólicas. Por un destino que rescate la experiencia de lucha de 30 mil compañer@s desaparecidos. Allí nos vemos. Todas y todos.

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El colectivo de Revista Sudestada esta integrado por Ignacio Portela, Hugo Montero, Walter Marini, Leandro Albani, Martín Latorraca, Pablo Fernández y Repo Bandini.