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Literatura rusa: el invierno está encantador

La literatura rusa está marcada por célebres apellidos como los de Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Gorki y tantos otros, pero antes de ellos hubo otra historia. La de Alejandro Puschkin y la de quienes lo antecedieron en la delirante aventura de escribir en medio de la tormenta política, la censura del zarismo y la persecución de cualquier voz opositora.

Cuando Inglaterra daba al mundo un William Shakespeare (1564-1616) y España enriquecía las letras con don Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), la literatura rusa permanecía estancada en los poemas religiosos o la recopilación de relatos orales, sin ofrecer ninguna figura convocante fuera de las fronteras del inmenso país. Los estudiosos afirman que buena parte de la demora en la aparición de grandes escritores universales como los tuvo después, se debió a que en la época de Shakespeare y Cervantes, en la inmensa nación gobernaba el zar Ivan iv Vasilievich, recordado como Iván el Terrible (1530-1584), quien durante cuarenta años manejó a su antojo los destinos de Rusia.


Los enemigos del régimen eran asesinados de manera salvaje, como ocurrió con una de sus primeras víctimas, el príncipe Andrei Shuiski, arrojado a una jauría por orden de Iván iv. De esa manera se vengó por la forma en que Shuiski lo había tratado cuando era un niño heredero del trono. El reinado comenzó cuando El Terrible era apenas un adolescente y los relatos de la era hablan de "prácticas diabólicas" que incluían la exhumación de personas recién fallecidas para mutilarlas y arrojarlas luego en la puerta de ciudadanos a los que se acusaba –sobre la base de esos cadáveres manipulados como falsas pruebas– de cometer horrendos crímenes. En ese marco, era imposible que surgieran escritores que rompieran la férrea censura y dieran cuenta de las miserias de un país cuyos niveles de pobreza estaban entre los más altos del mundo.


El embrión de la literatura rusa comienza durante el gobierno de Pedro i (1672-1725), llamado Pedro El Grande, por su estatura física, dado que medía dos metros con cuatro centímetros. Pedro i asumió por un golpe de Estado en 1682 y fue zar hasta su muerte. Como a lo largo de la historia rusa –incluyendo buena parte del período que comenzó en octubre de 1917 con la revolución bolchevique–, el crecimiento siempre estuvo marcado por la controversia política, la censura del Estado y la persecución de los opositores al régimen vigente.


El primer escritor ruso que pudo romper el ostracismo más allá de las fronteras fue Alejandro Sergeievich Puschkin (1799-1837), quien apareció en el escenario cuando promediaba la dinastía Románov, que había comenzado en 1721 y que se extendió hasta 1917, con la caída, en febrero de ese año, del último emperador de Rusia, Nicolás ii, derrocado por la revolución menchevique que antecedió a la bolchevique de octubre de ese año.


Puschkin, aunque nunca alcanzó la consideración de la crítica que obtuvieron a nivel mundial León Tolstoi, Fiodor Dostoievski, Antón Chejov, Máximo Gorki, Nicolai Gogol, Boris Pasternak, Vladimir Nabokov o Mijail Shólojov, entre tantos otros, tuvo el mérito de haber sido el primero que pudo asomar la cabeza al mundo, sin que se la cortara el poder imperial. Su muerte, a los 38 años, en plena etapa creativa, se debió a un suceso ajeno a la política, propio de Capuletos y Montescos...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada. La razón por la que publicamos apenas un fragmento de las notas es, aclaramos, que la revista depende en un cien por ciento de la venta directa. No cuenta con subsidios, ni mecenas ni pauta alguna de ningún tipo o color, y se autogestiona desde hace quince años a partir de la venta de la revista en papel. Gracias por la comprensión)

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Autor

Carlos Rodríguez