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Nota de tapa

Firmenich. Ajuste de cuentas

No hay otro personaje político argentino que cargue con su estigma. Todo es sombra, mugre, historia turbia a su alrededor. Pero más allá de lo conspirativo y lo improbable que lo marca, hay un debate político pendiente. La irrupción, el crecimiento, el derrotero y el abismo que transitó Montoneros en el pasado reciente. Y el papel crucial de su máximo dirigente. Contradicciones, errores, y pendencias con Mario Firmenich. Opinan Roberto Perdía, Pablo Fernández Long, Jorge Falcone, Ernesto Salas, Miguel Fernández Long, Eduardo Soares y Pablo Waisberg.

En el inicio de su discutible Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina, José Pablo Feinmann anota: "Hay grandeza y profundas miserias en el peronismo… Hay líderes (sobre todo uno), hay mártires (sobre todo una), hay obsecuentes, alcahuetes, hay resistentes sindicales, escritores combativos, está Walsh, Ortega Peña, está Marechal, están Urondo y Gelman…, fierreros sin retorno como el Pepe Firmenich, doble agente, traidor, jefe lejano del riesgo, del lugar de la batalla, jefe que manda a los suyos a la muerte y él se queda afuera entre uniformes patéticos y rangos militares copiados de los milicos del genocidio con los que por fin se identificó…".


En apenas un párrafo, Feinmann sintetiza bastante de lo que ha perdurado de Firmenich en el imaginario político. Eso, pura mugre: sospechas disfrazadas de certeza, acusaciones propias de una fractura partidaria, todo mezclado con atisbos de críticas bien fundamentadas de compañeros que se preocuparon por buscar la raíz de la derrota, operaciones que buscan deslegitimar experiencias revolucionarias, rumores imposibles de probar, lugares comunes instalados a fuerza de repetición, discusiones postergadas por la derrota de una organización (de una generación) que parecía a un paso de asaltar el cielo y que, en pocos años, se desmoronó en las fauces de la criminal dictadura. Sin rigor argumentativo, sin cuestionar sus propias presunciones, sin hurgar más allá de la superficie, la síntesis brutal de Feinmann no va más allá del ánimo provocador. Si absurdo es el intento de confirmar o desechar hoy cada denuncia lanzada al aire, no menos ridículo resulta limitar la experiencia montonera a la figura de Firmenich y, al mismo tiempo, también lo es desaprovechar la ocasión para generar un debate –político y no intrigante– sobre la figura del comandante de una de las organizaciones revolucionarias más importantes de la región: una guerrilla urbana que pasó de pequeño grupo conspirativo a multitudinario fenómeno de masas, que irrumpió en la escena para cambiarlo todo y se transformó en actor político determinante, que creció al compás del trabajo de cientos de miles de jóvenes en barrios, escuelas y fábricas, que se atrevió a la herejía de disputarle la conducción del peronismo a su Líder y que perdió en la batalla contra la derecha del movimiento primero, para después sucumbir ante los genocidas militares.


Poco después de la aparición del trabajo de Feinmann, una solicitada firmada por varios protagonistas del pasado montonero, le salió al cruce: "Los manuales de la CIA y el Pentágono ofrecen a sus agentes un variado repertorio de recursos para llevar adelante la 'guerra de baja intensidad' contra los enemigos del imperio y las oligarquías. En los ataques a Mario Eduardo Firmenich se ha suplantado el debate político por los partes policiales o paramilitares que reconocen ese origen". Es verdad: es poco serio señalar que las sospechas que rodean a Firmenich tienen como única vertiente "la CIA y el Pentágono". Pero no está mal aprovechar la propuesta e intentar aportar a ese "debate político" pendiente que los firmantes de la solicitada exigían como opción.


De eso se trata. De anotar opiniones de protagonistas de esos tiempos de fuego, de borronear ideas sobre el estilo de conducción del número uno de Montoneros, de buscar la lógica en un proceso de decisiones que responde a una dinámica histórica y a un contexto regional, pero que estuvo marcado por la impronta de sus liderazgos. Intentemos, entonces, correr las sombras a un costado. ¿Será posible abrir la puerta a un (incompleto, subjetivo, arbitrario) ajuste de cuentas político con Firmenich?



2. Personalizar en política suele ser riesgoso, más aún en el marco de una organización guiada por una conducción colectiva. Entrevistado por Sudestada, Roberto Perdía subraya esta singularidad: "Nunca hubo decisiones de Firmenich autónomas de las estructuras de conducción". En consonancia, Eduardo Soares señala: "No hay crítica que yo pueda hacerle a Firmenich que no se la pueda hacer al resto de la Conducción Nacional (CN). Cuando criticamos, criticamos a la CN. Nunca a un compañero, porque sabíamos perfectamente que Firmenich no podía tomar una decisión individual". Para arrancar habrá que subrayar entonces que los errores y aciertos de Firmenich son atribuibles a cada miembro de la CN. Pero, pese a este detalle, resulta indudable que la estigmatización que pesa sobre Firmenich no es la misma que bordea los perfiles de sus ex pares en la dirección. "La concepción política es la que marca la estrategia de una organización, más allá de las personalidades de su Conducción. La personalidad de Firmenich no es la organización. Era uno más en la CN y las derivas montoneras tienen que ver con opciones políticas", aclara el historiador Ernesto Salas. Es cierto. Pero no menos es que vale analizar ciertas características, no por pretender situar el eje en formas personales, sino por cómo esas cualidades se proyectaron en las decisiones centrales de Montoneros. Nadie puede buscar las razones de la derrota en las formas, pero sí es posible detenerse en ciertos rasgos que se proyectan en políticas concretas. "¿Qué importancia tiene lo que pueda pensar hoy sobre lo que son virtudes y defectos de Firmenich? Eso lo discutimos en su momento, hoy no tiene sentido", responde Perdía, rechazando la pregunta inicial. Sin embargo y como ejemplo, la cuestión del carisma en un movimiento como el peronismo, marcado por la impronta fundacional de un liderazgo poderoso, sustentado en híbridos conceptos como "lealtad" y "traición", termina por configurar un elemento nada secundario. Si Montoneros pretendía establecer un proyecto político alternativo al desplegado por Perón a su regreso, debía proponer ante las masas un liderazgo de magnitud similar. En síntesis, un liderazgo de masas, una característica que no parece ajustarse al perfil de Firmenich, que siempre se manejó con mayor comodidad entre las sombras de la clandestinidad.


En referencia al subjetivo valor del carisma, apunta Pablo Fernández Long: "Siempre me produjo la sensación de ser un muchacho tímido, o más bien acomplejado, a quien las capacidades ajenas lo hacían sentir incómodo. Comparado con otros 'jefes' montoneros que conocí, diría que Firmenich carecía totalmente de carisma y le faltaba el 'peso' de un jefe político". En un sentido similar, Salas menciona: "Le faltaba el carisma que tenía Sabino Navarro, o la cabeza teórica de Carlos Olmedo. Sabino era pasión y Olmedo era razón: por esas dos cosas, pueden ser amados. Firmenich es anodino, ni para amarlo ni para odiarlo. Es raro, porque el tipo es bastante lúcido. Pero no le da el carisma"...


(La nota completa en la edición gráfica de Revista Sudestada)

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Autor

Hugo Montero