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Entrevista

Pablo Alabarces: "El macrismo es un populismo que se niega a serlo"

“Lo que se viene será peor”, advierte el sociólogo Pablo Alabarces. Analista crítico durante los años del kirchnerismo, ante el cambio de gestión profundiza la mirada en esta nueva etapa y señala debilidades y fortalezas de una derecha en el gobierno. Pero además, no ahorra cuestionamientos a la izquierda argentina y se anima a buscar razones de fondo para este presente complejo.

En la marcha de todos los días, se pierde el ejercicio de pensar si realmente el espacio que se tiene para reflexionar es suficiente. Los medios de comunicación, en su mayoría, manejan bien las herramientas que están al alcance y en mitad de esa marea se termina enfocando sobre los intereses que malversan unos pocos informativos, clubes, radios, revistas, instituciones. Por eso, se hacen fuertes las palabras de Pablo Alabarces.

Resolver los actos de resistencia, utilizar el término de hegemonía o pensar en la dominación simbólica es fruto de haber podido pasar por los textos de este pensador que, desde una mirada crítica, ha logrado fundamentar los tejes y manejes del fútbol, entre otras cosas. La naturalización de ciertos niveles de la vida cotidiana se encuentran, entonces, en estado de combate, y las palabras van a jugar un papel muy importante.

Alabarces no reposa en la comodidad de ninguna teoría, y se pone en constante movimiento cuando se dedica al análisis de la cultura en general, y de la cultura popular más concretamente. Es considerado como uno de los fundadores de la Sociología del deporte. Además, es recibido de la carrera de Letras en la UBA y ha realizado una maestría en Sociología de la cultura. También es titular de cátedra en la materia Seminario de cultura popular y masiva en la carrera de Comunicación Social dictada en la UBA.


–¿Considerás que, en medio de este contexto político, la cultura popular va a pasar a cumplir una función de trinchera?


–No, eso sería tajante. Habría que dar una vuelta grande para ver qué entenderíamos por cultura popular para ser preguntada con ese interrogante. En principio, pedirle a la cultura popular que sea una trinchera es pedirle demasiado, no es eso lo que tiene que hacer. Hablar de una sola cultura popular es quedarse corto. Sería mejor hablar de las culturas. Además, para problematizar más la cuestión, se meten los límites precarios, si es que existen, entre cultura popular y cultura de masas. Por otro lado, una de las ganancias de la teoría cultural de los últimos treinta o cuarenta años, es que no necesariamente lo popular tiene que ser por definición resistente a algo. Por más que las definiciones que me gustan tengan que ver con el carácter subalterno de lo popular, por consecuencias dependientes de relaciones de poder y pasibles de estructurarse como relación de resistencia, eso no significa que todo tenga que ser: resistencia, alternativa, aguante.

Este es un contexto muy peculiar. Venimos de un momento en el cual se enunciaba desde el Estado, entendiéndolo no como instituciones, aparatos o edificios, sino como gran actor político. ¿Qué va a ocurrir con eso? Son doce años, especialmente los últimos seis, siete, en los que la enunciación nacional popular era absolutamente dominante, homogénea, fuerte, pesada. Ahora es claro que el Estado no va a enunciar en términos nacional populares, esas categorías van a desaparecer y claramente el discurso político va a ser: lo que le cambie la vida a la gente, lo que quiera la gente; con lo cual toda categoría politizada que hable más o menos de relaciones de poder va a desaparecer. Del otro lado, es decir del campo popular, y esto dicho con todas las comillas, lo que aparece no son respuestas consistentes, una trinchera, una alternativa, un gesto de resistencia. No podemos confundir un grupo de Facebook, por más millones de seguidores que tenga, con una actividad popular, consistentemente política. El hecho de que la mayoría de las respuestas que han aparecido en este mes hayan tendido a ser callejeras no significa que necesariamente sean expresión de los grupos subalternos. En principio han tenido más que ver con sectores medios, muy vinculados al kirchnerismo.


–¿Y si callan las expresiones de subalternidad desde el Estado, eso no puede ser motor para que aparezcan efectos residuales de esa enunciación que se generó en la gestión pasada?


–No lo sé, porque ahí lo que aparece, por lo menos eso es fuerte en mi lectura, es que es demasiado pronto para hacer un balance del kirchnerismo, aunque todos hayamos empezado a hacerlo. Mi balance durante el kirchnerismo fue crítico y ahora también lo es. Entonces, algo en lo que hemos coincidido con Maristella Svampa es en la idea de kirchnerismo como un fenómeno de clases medias que se arroga la representación de las clases subalternas. Dice representarlas y hablar en nombre de ellas. Y esas clases que dicen representar a las clases subalternas son las que aparecen ahora en la calle. Uno puede decir que eso no es poco, pero hay que tener en cuenta que Macri llega al poder sin movilización popular...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)

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Autor

Gustavo Grazioli