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Sobre el verbo "cielar" en las escrituras de Frida

Frida Kahlo es una de esas artistas que ha cautivado a muchos, justo como cautivan las vidas de aquellos que han nacido bajo el signo del dolor. Más aún, cuando este dolor permea su producción artística. Y si de manera paralela a este dolor el artista vive su vida con esa pasión que rápidamente se asocia al escándalo, entonces su personalidad termina por cautivar aún más a propios y extraños.

Frida Kahlo es una de esas artistas que ha cautivado a muchos, justo como cautivan las vidas de aquellos que han nacido bajo el signo del dolor. Más aún, cuando este dolor permea su producción artística. Y si de manera paralela a este dolor el artista vive su vida con esa pasión que rápidamente se asocia al escándalo, entonces su personalidad termina por cautivar aún más a propios y extraños. Raquel Tibol en Frida Kahlo en su luz más íntima refiere lo siguiente: "El relato turbulento en torno a ellos [Diego Rivera y Frida Kahlo] ha durado mucho más de lo que hubiera podido suponerse y, por lo mismo, se ha contaminado al punto de enturbiar la percepción del principal motivo de sus existencias: la pintura". Quizá en la aspiración de comprender mejor su pintura se ha puesto tanta atención en los detalles y peculiaridades de la vida de Frida Kahlo, que al final han dejado más huella sus vicisitudes que su pintura. La clave está en no perder de vista su obra.

Entre las muchas aristas que han atraído a especialistas, biógrafos y artistas acerca del gran personaje que es Frida Kahlo, se encuentra su particular ejercicio de la palabra, plasmado en su profusa producción epistolar. Hay cierta inocente ternura y también una inocencia tierna en las misivas de Frida Kahlo. Todas ellas tienen su peculiar encanto. Uno puede acercarse a sus alegrías, deleites, añoranzas, tristezas, melancolías... en fin, la producción epistolar de Frida Kahlo es un fiel espejo del complejo entramado de su personalidad, incluso cuando esas misivas estaban dirigidas hacia ella misma, en una suerte de monólogo interior. En las pocas páginas de su diario que quedaron fechadas, Frida Kahlo escribía el miércoles 22 de enero de 1947:


Tú me llueves – yo te cielo

Tú la finura, la niñez, la

vida – amor mío – niño – viejo

madre y centro – azul – ternura –

Yo te entrego mi

universo y tu me vives

Eres tú a quien amo hoy

te amo con todos los amores

te daré el bosque

con una casita dentro

con todo lo bueno que haya en

mi construcción, tu vivirás

contento – yo quiero que

tú vivas contento. Aunque

yo te dé siempre mi

soledad absurda y la monotonía

de toda una complejísima

diversidad de amores –

¿quieres? Hoy amando

los principios y tú amaste a tu madre.


Una de las bellezas de esta página está en esa palabra que tiene a bien acuñar Frida Kahlo: cielar. De hecho, este verbo está muy presente en diversos escritos de la pintora, como en aquella carta, fechada en 1947, dirigida al poeta Carlos Pellicer:

"No sé cómo me atrevo a escribirte, pero ayer dijimos que me hará bien... Perdona la pobreza de mis palabras, yo sé que tú sentirás que te hablo con mi verdad, que ha sido tuya siempre, y eso es lo que cuenta..."


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)

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