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El Farmer en teatro: "Rosas es hoy una identidad clandestina"

Este mes se estrena la versión teatral de El farmer, la extraordinaria novela de Andrés Rivera, ahora adaptada y protagonizada por Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna. Conmovidos por la historia de un Juan Manuel de Rosas olvidado en su exilio británico, los dos actores explican sensaciones de una obra que representa un desafío para ambos y que promete abrir una puerta a la polémica

Juan Manuel de Rosas está viejo y se siente vencido. Junto a un brasero y una perra en celo, vive olvidado en su exilio inglés. Pero él no olvida. Durante ese 27 de diciembre de 1871 pelea con sus fantasmas, repasa rencores y su época de esplendor, de brigadier, de hombre con poderes plenos. Monologa, piensa, destila resentimiento contra aquellos que lo traicionaron: es un granjero que echa pus. Así lo retrata el escritor Andrés Rivera en su libro El farmer (1996), que casi 20 años después llega al teatro San Martín a partir del próximo 9 de julio, representado por los actores Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna, con la dirección de ambos y de Andrés Mangone.

A lo largo de seis escenas Audivert y De la Serna diseccionan en dos al Rosas que creó el autor de La revolución es un sueño eterno. Ahí es donde se despliega la máquina teatral que se desprende del texto de Rivera: un Rosas viejo, físico, que va a morir, y un Rosas mítico, el que queda en la eternidad, en la historia.

–La novela de Rivera está escrita como un monólogo –dice Audivert–. Pero a la vez se hace difícil de sostener en un cuerpo toda esa reflexión, esa voz que todo el tiempo está hablando. Ahí el libro alcanza un vuelo teatral, una suerte de versión metafísica de Rosas que es ese Rosas dialogando con él mismo ya de una forma concreta. Son dos cuerpos. Uno es el que da cuenta del cierto, del verdadero, del biológico, y el otro es ese cuerpo que no es carnal, que es incierto en términos de lo físico, pero que después es la única certidumbre que queda.

La ajetreada actividad teatral de Audivert (dirige la obra Edipo en Ezeiza, en el Camarín de las Musas, y actúa y dirige Muñeca, en el Centro Cultural de la Cooperación) lo mantiene ocupado a tiempo completo. Además, da clases de actuación en su sala El Cuervo, donde se realizan los ensayos de El farmer. Pompeyo le enseña la sala a Sudestada. Está ubicada en una casa antigua, de madera y techos altos. Para ingresar hay que subir una escalera caracol finísima, de escalones pequeños. Hay un vestidor, ropa colgada acá y allá, varias puertas cerradas. "Esperen ahí que prendo las luces", previene. "Pasen", dice enseguida. En la sala iluminada hay una maqueta con la escenografía austera de El farmer. Audivert habla del vestuario, de la disposición del escenario; se mete en el personaje, gesticula, pone la voz de su Rosas. "Por acá estoy yo y por este lado entra Rodrigo", señala.

–El farmer es una pieza literaria extrañísima. Es un gran poema largo, una novela muy corta –señala De la Serna–. Es una obra de teatro, también es una película. Tiene muchas dimensiones. El libro está en tercera y primera persona. Entonces hay una escisión en Rosas. Eso nos permite una operación teatral y una dramaturgia interesante. Tratamos de llevar eso a una consecuencia extrema. La potencia del personaje es tremenda, Rivera es tremendo. Como actor me pasa de querer respetar hasta la última coma. No hay que agregar nada. La cadencia de Rivera genera mucha tensión, la musicalidad del texto sugiere mucho...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)

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Autor

Martín Latorraca y Juan ignacio Orué