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Hernán López Echagüe

"Había una cuestión artesanal y pasional en nuestra militancia"

Apelando a la memoria emotiva como herramienta, el periodista Hernán López Echagüe construye, a partir de su libro Pibes. Memorias de la militancia estudiantil de los años 70, un tejido que evoca el pasado militante de una generación. Lejos de la épica y más cerca del registro entrañable de las vivencias compartidas entre compañeros en la UES, López Echagüe explica las razones de este libro indefinible y marca sus diferencias con el gobierno actual.

¿Una autobiografía para saldar deudas, una historia real y contradictoria con rasgos de ficción, una gran reflexión sobre los tiempos de fuego y pasión política, una investigación en la cual lo personal está presente y latente? Difícil es calificar Pibes. Memorias de la militancia estudiantil de los años 70, del periodista y escritor Hernán López Echagüe. Ni siquiera el propio autor arriesga una definición sobre el libro publicado este año por editorial Planeta. "No sé a qué género pertenece el libro", dice con las palabras rápidas que lo caracterizan. Y da una idea de lo visceral e íntima que fue la confección de Pibes..., en el cual hasta el cuerpo del propio autor fue cruzado por los recuerdos: "Se me planteaba una imposibilidad física para escribir. Hace mucho tiempo León Rozitchner me decía que cuando la escritura es franca hay una cuestión corporal".

Como en sus últimas obras, López Echagüe arma un collage de voces, relatos, descripciones, historias y, en este caso, hasta la correspondencia con su hermano mayor que vive desde hace varios años en España, transformando al libro en un mixtura en la cual se mezclan la pasión por la política, la melancolía por los que fueron desaparecidos durante la dictadura militar y las reflexiones de una época en que las calles ardían al calor de la militancia. A esto hay que agregar que en Pibes... aparece lo más íntimo y humano del autor, como fue la tensa relación con su madre nacida en la cuna de la aristocracia, antiperonista acérrima y alcohólica, o su iniciación sexual que se potenciaba con el vértigo de las pintadas y los actos de sabotaje.

Desde el Movimiento Socialista de Base (MSB), nacido en Tucumán y de línea marxista-leninista, a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y la confluencia en Montoneros, es el trayecto de López Echagüe en la militancia de la década de 1970. Pero no sólo la suya, porque Pibes... es su historia, y es también la de sus amigos y compañeros. Lennon, Tony y Chiche son las personas que junto al Enano (el propio López Echagüe) conforman las líneas del relato, sus tensiones y contradicciones, sus gustos personales y discusiones acaloradas.

Periodista de oficio, López Echagüe tuvo una larga trayectoria en el diario Página/12, hasta que lo despidieron y optó por un perfil bajo. Sus libros más reconocidos son El otro (1996, biografía sobre Eduardo Duhalde); La frontera. Viaje al misterioso triángulo de Brasil, Argentina y Paraguay (1997); La política está en otra parte (2002) y El regreso del otro. La reaparición de Eduardo Duhalde en la pelea política argentina (2010), entre otros.

Con un pie en Buenos Aires y otro en Nueva Palmira (Uruguay), donde reside desde hace años, en esta entrevista con Sudestada López Echagüe recorrerá sus días de militancia estudiantil, el despertar de lo político en plena adolescencia, sus relaciones con amigos, novias y com-pañeros, y un derrotero cruzado por la represión parapolicial y estatal que lo llevó por ocho años al exilio en Brasil. Y no dudará en afirmar que desde su generación "veíamos la subversión como algo importante, porque éramos subversivos y queríamos subvertir el orden establecido".

-¿Cómo ideaste el libro?

-Cuando volví al país en 1984, empecé a escribir un libro porque necesitaba acomodar las ideas. Llegaba a una ciudad que no era la misma, parecía que habían pasado mil años y no ocho. Yo no escribía, nunca había laburado de eso, entonces a través del viejo de Laura (Giussani, su actual compañera) conseguí una maquinita Letter, me compré una resma de papel y dije: "A ver cómo se hace esto". Nunca había escrito, salvo los poemas de adolescente o cosas muy sentidas en el exilio. Hice un libro que era un mamotreto, con hojas tamaño oficio a un espacio, de los dos lados del papel, que terminé en tres o cuatro meses y se llamaba El menor de los Ocampo. Tiene que ver mucho con mi vieja aristocrática venida a menos. Esa sí era una novela y el original todavía lo tengo encarpetado. De esas páginas se desprendió La resaca, una novela corta, y también Como viejos lobos. Pero quería escribir algo y no refugiarme en la ficción. Entonces pensé en contar las cosas como las recordaba, como habían sido y tomando como núcleo a este grupo de amigos. Influyó mucho haberme reencontrado hace ocho años con uno de ellos, que es Tony, cuando pensaba que estaba muerto. Fue una emoción muy grande, nos quedamos hablando y después viajó hasta Nueva Palmira. Me encontró por un correo que le mandó a Laura, yo no sabía ni su nombre. Un día nos pusimos a reconstruir, me contó cómo habían secuestrado a Lennon, él le insistía en que la cita estaba cantada pero Lennon no podía entender que sus compañeros lo delataran. Empezamos a reconstruir qué había pasado con muchos de los que aparecen en el libro y eso quedó pendiente ahí. Me llevó un tiempo ponerme a escribirlo, darle forma, más según el estado de ánimo de la situación. No sé a qué género pertenece el libro, si es o no periodístico, porque una novela tampoco es. Lo fui trabajando, fui consultando con Tony, que fue un buen asesor porque estuvo mucho tiempo acá durante la dictadura. Me costó escribirlo, pero alguien me dijo que es un libro de una sinceridad exasperante y es una buena definición, porque no quería dejar cosas en el tintero y no quería quedar bien con nadie. Algunos piensan que es muy nocivo plantear las cosas tan descarnadas como se vivían y se hacían. Es nocivo para el trabajo político de hoy.

(La nota completa en Sudestada N° 134 - noviembre de 2014)

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Autor

Leandro Albani