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Entrevista con Eduardo Galeano

"Soy un hereje de larga data"

Entrevista exclusiva: Desde Montevideo, habló de su nuevo libro, Bocas del tiempo, del presente de América Latina y de su polémica con Cuba: "No me arrepiento ni de una coma".

Referente ineludible del presente americano y cronista en tiempos de fuego y de ceniza, el escritor Eduardo Galeano relata en esta entrevista con Sudestada en Montevideo algunos trazos de su tiempo. Polémicas, opiniones y recuerdos son parte impostergable de una historia que tiene a América Latina como protagonista.

Dicen los diarios que América Latina respira, por estos días, a un ritmo embravecido. Que el vientre de todo el continente se contrae y parece a punto de explotar en mil pedazos. Aunque segundos después, de cada uno de sus poros, estallan revueltas, hazañas y miserias. Hombres y mujeres que hacen de esta tierra una historia imposible, interminable. Dioses y demonios que se ocultan en las sombras del pasado, que se asoman y que observan incrédulos el resultado de siglos de fuego, de luz y de sangre. Nadie mejor, entonces, que el escritor uruguayo Eduardo Galeano para relatar los compases de la respiración de todo un continente. Hombre de letras, periodista de compromisos varios, sujeto de polémicas bien profundas, el autor de Las venas abiertas de América Latina sucumbió, por fin, a la insistencia insoportable de una voz que, desde la otra orilla, buscaba su voz. Y aquí está, después de un par de años de búsqueda, Sudestada recibe en estas páginas las palabras de un caminante americano. En su andar nos cruzamos, y en ese viaje nos comentó detalles de su nuevo libro, del presente de un continente herido pero digno y peleador, que no se entrega; de la lucha de un poeta llamado Juan Gelman por la verdad y la memoria; y del ejemplo, las virtudes y los defectos de una revolución en una pequeña isla llamada Cuba.

Bocas del tiempo

El calor del último viernes de enero invade el mítico bar Brasilero, ubicado en la ciudad vieja, en el corazón de Montevideo, hacia donde los enviados de esta revista apuntaron la proa con la esperanza de traerse en sus alforjas unas cuantas palabras andantes. Aquí están. Es el continente el que respira y, a través de la voz de Eduardo Galeano, el que se contrae y dilata sus venas para poder seguir viviendo. El resultado de este intento está a la vista, respira ojos abajo.

¿Estás preparando un libro nuevo, cómo viene eso?

Lo terminé ya. Ahora estoy metido en la tarea de diagramarlo. En realidad, creo que escribo como un pretexto para poder diseñar. Lo que me gusta más es esa parte gráfica, darle forma al libro, lograr que las imágenes y las palabras, que los espacios que ocupan las letras y los espacios desnudos se entiendan bien entre sí. Todo eso corresponde al diseño gráfico y es lo que más me gusta. Terminé de escribirlo, y por lo tanto de cortarlo, porque es un libro que lleva muchos años ya, más sacando textos que poniendo. Ahora estoy terminando esa parte de diseño final para que el libro, en un par de meses, pueda salir.

¿Cuál es la temática que aborda?

Un poco de todo. No tiene ningún tema, tiene todos los temas. Son textos breves que se enlazan y, como un río que toca distintas playas, puertos y ensenadas, van recorriendo temas muy diversos. La infancia, el amor, la pelea, todos los temas que se puedan imaginar.

Dentro de tus libros, siempre marcados por la temática de lo político y lo histórico, ¿encontrás alguno que te haya marcado más?

Uno que se parece bastante a éste que acabo de terminar, que es El libro de los abrazos. El que acabo de terminar se llama Bocas del tiempo, y de algún modo, aunque son diferentes porque tienen una estructura distinta, se parecen bastante. Ahora, eso de los temas que vos mencionás, el tema político, yo siempre soy muy cuidadoso con eso, me parece que es una expresión que hay que tomar con pinzas.Cuáles son los temas políticos, y cuáles son los temas no políticos. Está todo impregnado de política, y a la inversa, también se puede decir que los que creen que en literatura es válido politizar todos los temas, los deshumanizan, los acartonan, los convierten en palabras vacías que no transmiten electricidad de vida.

La política está implícita en todo, es el conjunto de relaciones entre el poder y la gente, y por lo tanto está en cada uno de los pequeños actos de la vida cotidiana de cada una de las personas. Hacemos política sin saberlo, como hablaba en prosa ese personaje de Molliere, sin saber que hablaba Prosa. Para mí todo es y no es política, hay una carga evidente de política en cada cosa que ocurre. Y por lo tanto, también en la literatura que transmite cada cosa que ocurre, o que las revela. No hay ningún acto de la vida de nadie que pueda estar enteramente divorciado de la política, ni siquiera un sueño. Todos los sueños tienen algún parentesco, aunque sea remotísimo, con lo que es el poder, con lo que son las estructuras del poder, con las relaciones entre la realidad y el deseo, entre la libertad y el miedo. Todo eso es político también.(...)


Por los caminos de América

"Una inmensa explosión de gas: eso fue el alzamiento popular que sacudió a toda Bolivia y culminó con la renuncia del presidente Sánchez de Lozada, que se fugó dejando tras sí un tendal de muertos", escribió Galeano a fines del año pasado, cuando el levantamiento del pueblo boliviano parecía el comienzo de un proceso nuevo y superador en un país arrasado por la pobreza, situado en el corazón del continente. Los acontecimientos en Bolivia fueron entonces el disparador para recorrer con Galeano el contradictorio presente de América Latina.

Dentro de tu trabajo periodístico tomaste más de una vez la problemática de Bolivia y de su pueblo. A la vista de los últimos acontecimientos, ¿cuál es tu opinión?

Lo que veo es que en el caso concreto de Bolivia es que hay una elevación notoria del nivel de conciencia. Hay un pueblo que está mucho más alerta sobre lo que pasa con su país y los recursos de su país. Es una experiencia sangrante, se trata de uno de los países más pobres del hemisferio occidental y supo ser la fuente de las más opulentas riquezas, desde los tiempos de la plata de Potosí hasta ahora con el gas. Lamentablemente los medios te recompensan en función de la cantidad de muertos, o sea salís o no salís en los diarios, ocupás o no un espacio en televisión, depende de la cantidad de muertos que pongas sobre la mesa. Entonces, Bolivia es un país trágico que lamentablemente ocupa cada tanto el primer plano de la atención mundial por la cantidad de bolivianos que mueren por esta reivindicación de la dignidad nacional. Pero lo importante no es eso, esa es la parte trágica, la peor acusación que se puede formular contra estos gobiernos presuntamente democráticos que se dedican a masacrar gente. Lo más importante del otro lado, del lado popular, del lado de la gente misma, es que hay una voluntad de afirmación de la dignidad nacional. Ese es el dato más importante para el mundo de hoy, que es un mundo muy humillado y que además convierte la humillación en valor.

La humillación cotiza bien, según los que la practican. Los resultados no coinciden con estas optimistas estimaciones. Jorge Batlle, el presidente del Uruguay, quiere ser el primer monaguillo de todas las misas de la Casa Blanca (ver recuadro). Hasta ahora, no ha conseguido más que desprestigiarse a los ojos de su país y de su gente.

¿Te parece que ese crecimiento en el nivel de conciencia se da a nivel continental, o se trata de hechos aislados?

Tengo la impresión de que hay una elevación del nivel de conciencia, que la gente presiona cada vez más sobre los gobiernos y que para los gobernantes resulta cada vez más difícil hacerse los otarios, silbar, mirar para otro lado.

Como se vio en la reunión de Monterrey, donde hubo por lo menos un tono general que no es el de siempre. Son signos de que las cosas empiezan a cambiar un poco. Dependerá de que consigan ponerse de acuerdo lo que quieren que cambien, y ahí es donde la cosa se pone un poquito complicada. Pero ese acuerdo es imprescindible, si no, de a uno estamos fritos. La soledad es un buen tema para los boleros y para las novelas trágicas, pero en la política concreta la soledad es una aventura imposible. Termina mal.(...)


La polémica con Cuba

El 18 de abril de 2003, Eduardo Galeano firmó un artículo titulado "Cuba duele" que recorrió el mundo y produjo un vendaval de opiniones cruzadas. En ese texto, el escritor uruguayo manifestaba su posición acerca de las últimas noticias que llegaban desde la isla: la prisión y el fusilamiento de tres delincuentes que habían robado a mano armada una embarcación en tierras cubanas. Charlar sobre la polémica con Cuba resultaba una tarea ineludible para conocer en profundidad la opinión del escritor sobre las repercusiones a partir de su famosa nota: "Yo publiqué un artículo, 'Cuba duele', muy crítico, cuando las prisiones y fusilamientos que conmovieron al mundo. No me arrepiento ni de una coma de ese artículo. Y ese artículo refleja una posición que yo ya había expresado otras veces y que he mantenido siempre. Yo creo en la solidaridad con la revolución cubana desde la libertad de conciencia, no desde el deber de obediencia. O sea, yo no creo que la solidaridad con un país, con una revolución, con una persona, se practique desde la obligación de decir que sí.

Desde el papagayismo, como diría don Simón Rodríguez. Creo en la libertad de conciencia, creo que uno tiene no solamente el derecho, también el deber de contradecir, de criticar, de dudar, de coincidir con lo que se coincida pero también de decir no. No me gusta el modelo de partido único, lo dije siempre y lo sigo diciendo. No me gusta en Cuba ni en los Estados Unidos, donde hay un partido único disfrazado de dos. Y no creo que la omnipotencia del estado pueda dar respuesta a la omnipotencia del mercado. Y eso no me impide respetar y amar a esta revolución que sigue siendo un símbolo universal de dignidad. Al fin y al cabo, la revolución cubana no es lo que quiso ser: es lo que pudo ser. Hay que comprenderla, para quererla, en la dimensión heroica de su trágica soledad, al cabo de tantos años de bloqueo y de acoso perpetuo.

¿Creés que lo que molesto más fue la crítica en sí, o la utilización que se hizo del texto por parte de los enemigos de la revolución?

Son esos juegos de pretextos y coartadas que se alimentan unas a otras. El hecho es que el hereje merece ser quemado en leña verde, o sea que los que confunden la religión con la política te mandan a la hoguera sin dudarlo mucho. Para ellos, la unidad es unanimidad o no es, y toda conciencia crítica merece castigo. Pero ya el tiempo se ocupará de separar la paja del grano.Yo estoy en paz con mi conciencia. Bien decía Carlos Fonseca Amador, el fundador del Frente Sandinista en Nicaragua, que los amigos de verdad son los que critican de frente y elogian por la espalda. Yo sigo practicando la solidaridad con Cuba sin la menor vacilación y sigo defendiendo a muerte el derecho a la autodeterminación de la revolución cubana.

La profundización de la democracia en Cuba es un asunto de los cubanos y sólo de los cubanos. Desde siempre creo que la autodeterminación de los pueblos es sagrada. Buenas lluvias de piedras recibí, hace años, por defender la autodeterminación en Hungría, Checoslovaquia, Polonia y Afganistán, cuando ese sagrado derecho era avasallado en nombre del socialismo. Soy un hereje de larga data. Siempre tuve líos. Son precios que se pagan. Es normal ¿no? Gracias a eso, no me averguenza la cara que cada mañana afeito ante el espejo.(...)


Caso Gelman: Una mirada a las tinieblas

La lucha del poeta Juan Gelman por la verdad en el caso de la desaparición de su nuera, luego de haber hallado por fin el rastro de su nieta, adquirió con el paso del tiempo la figura de emblemática. Por lo terrible de los hechos y por la importancia de un caso que involucra a militares de Argentina y Uruguay, el tema fue abordado más de una vez por Eduardo Galeano en su trabajo periodístico. Y sobre ello charló también con Sudestada.

¿Te parece que a partir de la difusión del caso Gelman se abrió un camino distinto sobre los casos de desaparecidos en el Río de la Plata?

Sí, es un camino complementario de otros caminos que se habían recorrido. Por suerte, en el caso concreto de Juan, su bien ganado prestigio contribuyó a darle repercusión.

Una repercusión, digamos, extraordinaria, fuera de lo común, a un caso que es ejemplar por lo horroroso de lo que ocurrió en estas tierras. Es un resumen tenebroso pero perfecto del Plan Cóndor. Ahí participan militares de las dos orillas, contribuyen después a poner palos en la rueda de la investigación civiles interesados en el silencio, interesados en que la basura quede bien guardada bajo la alfombra, de una orilla y de la otra, de allá y de acá. Y Juan logra encontrarse con su nieta perdida y ahora está en esta pelea por la recuperación de los restos de su nuera y por el esclarecimiento de lo que pasó.

Bien acompañado por gente de las dos orillas también, o sea que ha habido uruguayos y argentinos que han trabajado solidariamente en esto porque han reconocido en el caso de Juan un caso ejemplar, y tiene por lo tanto un repercusión que va más allá del caso en sí. Y en este contexto, ¿cómo se explica la postura del gobierno uruguayo? El presidente Jorge Batlle como que amagó varias veces y se fue en amagues. Varias veces anunció que él iba a investigar, varias veces anunció que iba a ayudar en todo esto, se atribuyó éxitos que no tuvo nunca, porque en realidad la nieta no fue encontrada por un acto mágico del presidente.

Él no sacó a la nieta de Gelman de su galera particular, como hacen los magos en los cumpleaños de los niños. La nieta apareció como resultado de investigaciones confluyentes a las que Batlle se sumó a último momento. Intentó sacar provecho político de eso, pensó que con eso acababa y no se dio cuenta que era la punta de un largo ovillo, que era el comienzo de una historia y no el final.

En realidad, su gobierno no se distingue de los gobiernos anteriores. También Sanguinetti y Lacalle han hecho lo posible y lo imposible por evitar que se abra esta caja negra. ¿Qué hay adentro? Quizá lo que hay contradice esa cómoda versión, muy uruguaya, según la cual nuestros desaparecidos fueron víctimas de los militares argentinos. Y quizá el destape resulte insoportable para algunos políticos uruguayos que acompañaron la dictadura y participaron en ella. Por algo nuestra dictadura se llamó "proceso cívico-militar". (...)


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada N° 26)

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Autor

Hugo Montero

Autor

Ignacio Portela