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Entrevista a Gustavo Spinetta, hermano del Flaco

"Luis nunca paraba de crear"

Inmerso en la banda Amel, su nueva motivación con la música hace seis años y en la que toca la batería junto a su sobrino Gonzalo Pallas, Gustavo Spinetta despliega aquí sus memorias en Bajo Belgrano junto a su hermano Luis Alberto, los recuerdos de los primeros años con la música y él como fuente de inspiración constante a nivel humano, familiar y sensorial. Gustavo Spinetta, quien grabó la batería en dos temas del histórico disco Artaud, recupera varios momentos creativos del Flaco, analiza la repercusión que está teniendo su obra, y revive imágenes del recital de Las Bandas Eternas, en 2009, donde tocó la batería acompañando a su hermano y a Gustavo Cerati.

Respira la calle Arribeños, en pleno Bajo Belgrano. Entre Congreso y Quesada, a eso de las 16, la brisa del fin de agosto roza las persianas bajas de la casa vieja a la altura del 2853. Adentro se dibujan unos compases de rock: crecen los rulos de tambores, los golpes de bombo en la batería sobre la alfombra. Hay una guitarra eléctrica apoyada en algún mueble y, en las paredes, imágenes de Luis Alberto Spinetta, premios y cuadros; también una obra en volumen con cuatro rostros del teatro japonés Kabuki. Pero cuando suena el timbre sólo queda el silencio: apenas unos segundos, unas pisadas y se abre la puerta de calle. Un tipo flaco, bien flaco, y de pelo blanco atado en colita, sonríe sin tensión, achica los ojos por la luz e invita a pasar.

A los 60 años -cumplidos el 16 de agosto-, Carlos Gustavo Spinetta regresa a la sala de la batería con movimientos plácidos y largos, como si supiera flotar. O quizá, cuidando de no pisar a quien está entre sus pies: la gata Cascabelita, de abundante pelaje atrigrado. "Vení, Cascabelita", suaviza la voz Spinetta, la alza y ella acerca el hocico hacia el cuello largo de Gustavo, quien lleva un aro dorado en la oreja izquierda. Al cuerpo, un cárdigan gris, un jean rojo y zapatillas negras. "La cara de Cascabelita -cuenta Spinetta- va a estar en el arte de tapa del segundo disco de nuestra banda, Amel".

La banda es un nuevo eslabón de plenos colores spinettianos en Bajo Belgrano: el hermano menor de Luis Alberto es el baterista de la banda que editó en 2012 su potente primer disco, también llamado Amel. Las diferencias generacionales, aquí en Arribeños, no existen: el guitarrista y cantante es su joven sobrino Gonzalo Pallas, hijo de Ana María Spinetta. Ana, la otra hermana de Luis y quien inspiró la poderosa "Ana no duerme", de Almendra. Y él, Gustavo Spinetta, es quien vio desde esta casa con pasillo hasta el fondo cómo comenzaba todo en plenos años sesenta: el fin de la niñez para muchos. A metros de este living, ensayaron no sólo Almendra sino también Pescado Rabioso e Invisible. Además, pasaron por aquí los miembros de Manal, Los Gatos y hasta Conexión Nº 5. Allí estuvo Gustavo, observando la semilla de creación irrefrenable de Luis Alberto, y que también se irradió en él. Porque a los 19 años, en 1973, por pedido expreso de su hermano grabó la batería en dos temas ("Bajan" y "Cementerio Club") del eterno disco Artaud: el mejor de todo el rock argentino hasta hoy.

Sin dejar de compartir ideas, fuegos creativos y charlas con el Flaco, Gustavo desplegó proyectos además de la música y hasta abrió un pub en Olivos con el actor Geniol: se fundió, vendió ropa en una comunidad en Mar del Plata, y luego, o a la par, se abocó a su vida plena de ceramista y escultor -por la que ganó varios premios-. Hasta que en 1995 su sobrino Dante Spinetta lo invitó a que tocara percusión en Illya Kuryaki & The Valderramas: grabó en el vendedor disco Chaco, de 1995, y en Ninja Mental MTV Unplugged, pero luego se desentendió del show business y las giras. Volvió a la escultura, a la creación sin ruido, y la familia fue un círculo para él.

Así llegó al siglo XXI: allá por 2006, Gonzalo Pallas, cuando salía del colegio, rumbeaba para Arribeños a zapar con Gustavo Spinetta, quien recobró la motivación y las ganas de integrar una banda. Así nació Amel (que además integran Pablo Castagneris en bajo y Francisco Zunana en guitarra), luego sacaron el disco y este año vendrá el segundo. "Gonzalo tiene mucho talento -sabe Spinetta-. Empezó a tocar la guitarra y aprendió solo los tonos con las tablaturas por Internet. Después, tuvo el plus de que si sacaba temas de Luis Alberto él mismo le pasaba los acordes exactos. Gonzalo compone las letras de Amel, canta y toca la viola como una bestia. Es como una explosión de los genes, un contagio de la convivencia. Por otro lado, la personalidad de Luis es tan fuerte que te arrastra. Yo siempre me sentí un poco arrastrado a eso. Es que su música te gusta, no podés soslayarla y la hacés parte de vos".

De un bolsillo, Gustavo Spinetta saca el diseño con el rostro de Cascabelita y un número: 2853. "Es una foto solarizada: las partes blancas de su piel se fusionan con el fondo blanco -describe-. La idea del disco es ponerle 2853, que bien podría ser un número de vuelo, porque es como una nave. Hay como una propuesta de que se suba la gente y que parta con nosotros. Un tema del disco que habla de eso. Ahí lo invitamos a Dante Spinetta para que grabara un solo de viola, y Valentino Spinetta hace un rapeo. Lo particular es que grabaron en el estudio La Diosa Salvaje -de Luis- luego de todas las refacciones que se le hicieron: pintura, revestimiento nuevo. Y cuando estuvo listo, el primer laburo fue el rap que cantó Valentino. Lo importante de ese tema es que está la familia. Nos juntamos para homenajear...".

Un leve silencio. La imagen vuelve al bolsillo y Gustavo reabre las escenas de su vida con su hermano Luis en Arribeños y todo lo que llegó después: "Acá se escuchaba mucha música. Luis Santiago Spinetta, mi viejo, era cantante de tango; a mi vieja también le gustaba cantar y re-afinaba. La música siempre estaba. Lo que pasa es que mi viejo laburó en la Odeón Columbia, cuya fábrica quedaba acá en Belgrano. Ahora hay un templo budista, ahí. Y dos hermanos de mi viejo que vivieron acá, laburaban en el sello escuchando la calidad del material para ver si no tenía frituras o algún error. Entonces traían los discos nuevos y los ponían en una victrola. La música siempre fue una constante: sobre todo el tango y el folklore, hasta que aparecieron Los Beatles. Un poco antes fue Bill Halley, todo el rocanrol, o el mismo Elvis Presley. Pero cuando salieron Los Beatles, Luis se enloqueció con eso".

-¿Vos hacías tu propia búsqueda con la música o entraste mirándolo a él?

-No sé, yo lo vivía desde afuera, de alguna manera, porque no cantaba ni tocaba nada. Era como un espectador, un degustador. Aprendía a través de mi viejo y de Luis a apreciarla y a entenderla. Luis hacía muchas cosas, y todas muy bien. Siempre fue un maestro para mí, y mi aproximación al arte se la debo a él. Cuando terminó el secundario e hizo bellas artes, dibujó unas carpetas increíbles. Acá, al lado de casa, estaba la fábrica de motores Marelli. Ahí tenían un montón de material de descarte, de chatarra; se la llevaban una vez por mes y quedaba la vereda llena de unas baquelitas marrones o de hierros oxidados. Con eso, Luis se preparó unos cuadros que eran como para exponer. O mi viejo, que laburaba en madera, también traía desperdicios y con eso Luis armaba unas construcciones híper modernas. Yo me acuerdo de él, de chico, cantando en los cumpleaños que se hacían acá en casa. Había un tío que le daba mucha manija, porque sabía que lo hacía muy bien, y a mi viejo le encantaba: Luis enseguida estaba arriba de la mesa o parado en la punta. Se armaban unas mesas largas, para toda la familia, y en algún momento iba a cantar... Lo cebaron bien cebado desde chico, je.

-En tu caso, ¿cómo empezás tocando el bajo?

-A mí me gustaba mucho el órgano de iglesia; por ende, me gustaba el Hammond. Me atrapan los sonidos graves que te hacen vibrar. Por eso me gustaba el bajo. Y a Luis también le encantaban los bajos, por ejemplo, de Paul McCartney, esos walkings, ¿viste? Dum, dum, dum... Close your eyes and I'll kiss you... Luis sabía que me gustaba eso, hacía que tocaba y me cantaba los bajos. Yo me moría. Y cuando yo tenía 15 años, Luis me regaló un bajo. Empecé por ahí y terminé por la batería".

El amor por la batería se encendió cuando fue plomo de Rodolfo García; luego quedó atado a la bata cuando Luis Alberto Spinetta le dijo: "Sentate y tocá". Eso fue después de Almendra. "Una tarde, nos quedamos acá solos y él tenía un proyecto con Edelmiro y no sé si estaba Osvaldo López, Lopecito, de batero. Estaban armando un tema donde él iba a tocar el bajo. Se ve que quería practicar un poco, faltaba el batero y entonces me dijo: "Sentate, vamos a hacer un blues". Bueno, y salió el blues y no me quise bajar más. Luego apareció Edelmiro y seguimos zapando, y terminó cuando rompí el parche. Me querían matar, je. Era la batería de 'Lopecito', creo y era un papelón que el tipo viniese y la encontrase así. Aparte, ya no sonaba. Igual, hasta que no paramos yo seguí dándole al parche roto".

Desde ese momento, hasta que Luis Alberto le pidió que tocara la batería en el disco Artaud (1973), "uf, pasó de todo para mí. Fueron años en los que me dediqué mucho a dibujar, a pintar. Ya de adolescente empecé a laburar porque quise dejar la escuela. Luis me apoyó en eso. No terminé ni tercer año. Y después quise estudiar arte pero no retomé", recuerda Gustavo Spinetta. "También me dediqué mucho a no hacer nada, o muchas boludeces. Yo me tomaba mis libertades y bardeé un poco. Ojo, los pibes con los que me juntaba eran todos muy creativos. El que no escribía, pintaba, dibujaba o quería hacer música. A mí me servía mucho, mucho. De ahí salieron las tapas de Pescado Rabioso: las de Desatormentándonos y la de Pescado 2".

(La nota completa en Sudestada de Colección N° 11)

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Patricio Féminis