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Editorial #1

De críticas y definiciones

Puntualizar hoy que América Latina transita por una etapa de definición es persistir en un lugar común. Pero no por eso menos cierto. En particular, tres procesos políticos -aquellos que desde hace años protagonizan cambios estructurales y de raíz social- se enfrentan ahora a complejos escenarios de crisis generados por ese mismo impulso de cambio. Venezuela, Bolivia y Ecuador apuestan por construcciones contradictorias y no exentas de falencias, pero sin duda asoman como referencias de ese intento de consolidar modelos populares, soberanos y de tono marcadamente antiimperialista. Construcciones que emergieron del decadente fracaso de los partidos tradicionales -y de sus recetas neoliberales-, sustentadas en reclamos genuinos de los oprimidos y explotados, y que decidieron cortar amarras con sus resignados vecinos -que apuestan apenas por una modernización capitalista, como Argentina, Uruguay y Brasil-, para asumir el desafío revolucionario de avanzar en una transición hacia otro modelo. En un caso, bautizado como "socialismo de siglo XXI"; en los otros, con conceptos como el de "buen vivir". Estos tres proyectos aprendieron a caminar con presiones cotidianas made in Washington, y también han padecido ofensivas golpistas por parte de fracciones de sus burguesías nativas y de sus fieles subordinados en los medios de comunicación masivos. En ese tránsito han procurado construir una alternativa real de poder, con el respaldo de organizaciones sociales y nuevos emergentes políticos que intentan consolidar cada modelo en un clima de confrontación creciente y de marcada hostilidad desde la prensa opositora.

En este contexto atípico es válido preguntarse cuál es el lugar que ocupa en cada uno de esos proyectos latinoamericanos el pensamiento crítico. Es decir, la mirada atenta que observa contradicciones en su desarrollo, que detecta falencias en la voz de la calle, que agudiza los sentidos para subrayar conflictos latentes en el escenario de todos los días. En todo caso, la incógnita es descubrir el lugar justo para la crítica como materia prima de una saludable rectificación durante procesos vertiginosos y decisiones teñidas por el peso de liderazgos carismáticos. Confundir entonces la crítica constructiva, sustentada en la opinión popular, con la operatoria erosionadora de actores desestabilizadores resulta un error peligroso. Es el caso de la entrevista con Evo Morales que un compañero de Sudestada realizó en La Paz y que publicamos en esta edición: más allá de comprender el clima de dificultades y presiones múltiples, ningún proceso realmente transformador puede renunciar a defender el espíritu crítico (y autocrítico), aún más a sabiendas de que la dimensión de los cambios impulsados deja, como consecuencia natural, una huella de nuevos problemas y voces disconformes que por manifestarse no quiere decir que integren las filas del enemigo. En todo caso, la capacidad de incorporar observaciones cuestionadoras como herramientas de análisis puede significar un aporte para estos proyectos. En tanto se avance en ese camino de definición estratégica, el rol de la prensa alternativa parece ser el mismo de siempre: saludar los cambios que benefician a los explotados y oprimidos, apostar por la construcción de modelos políticos de alternativa, defender las decisiones revolucionarias y mantenernos bien atentos a las voces de la calle. Aquellas que determinan, al fin de cuentas, el destino de cada revolución en marcha.

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Sudestada

El colectivo de Revista Sudestada esta integrado por Ignacio Portela, Hugo Montero, Walter Marini, Leandro Albani, Martín Latorraca, Pablo Fernández y Repo Bandini.