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Entrevista con Luvi Torres

"Me permití sentir el folklore de mi tierra"

Lejos de definiciones urgentes y sonidos de mercado, a los 24 años, Luvi Torres construye miradas acerca del canto colectivo y el personal en diálogo con la naturaleza, en busca de sanación espiritual y compartida. Desde la independencia, en compañía de muchos de los artistas más renombrados del presente de la raíz folklórica, acaba de editar Ser el agua, su primer disco de estudio, en el que proyecta sus desafíos como compositora, cantante e instrumentista, rumbo a su propia voz.

Hay luna llena en Villa Crespo. A mitad de cuadra, se abre la puerta de un pasillo y un tipo delgado sale flotando. Es el clown y radialista de La Tribu, Nicolás Zuka, que debajo distingue a su sombra. "Esto no es una clase de canto, es otra cosa: una puerta hacia otro lado". Y si el sonido es un vehículo, también genera presencia: "¡Chau, chino! Te espero la semana que viene", agita el brazo Luvi Torres, su joven profesora de canto: es alta y de ojos color tierra; su cabello castaño en leve ondulación le roza el cuello y sus hombros anchos se mueven con suavidad. A los 24 años, Luciana Victoria Torres comparte interrogantes y sensaciones acerca del canto como sanación: un puente a los pulsos de la tierra. "La mayoría de los que caen a mis talleres es por la música mía que escucharon. Evidentemente, hay algo que me atraviesa que moviliza a las personas. Hay gente que me dice: ‘Puse tu tema ‘Respiro' en YouTube y lloré dos horas seguidas. No entiendo qué me pasa'".

Luvi Torres mira la biblioteca con libros de teosofía y budismo, también novelas y textos de teoría musical; pone play en la computadora junto a la bandera Whipala y corre al living con aroma cálido: por la puerta del pasillo entra Tao, su gata negra, que ahora pasa debajo de sus largas piernas con calzas de colores. Y desde el dormitorio llegan, con la voz de Luvi, las maquetas de las canciones de Ser el agua, su primer disco de estudio.

¿De dónde proviene ese canto invocado? ¿Qué contempla? ¿A dónde se refleja Luvi Torres, pronunciando sus propias melodías con huellas de Oriente y de copla viento arriba? Hay golpes de bombo y electrónica; hay suaves toques de candombe, universos de chacarera; cielos de zamba. Una mención, apenas, a todas las estéticas que reúne Ser el agua: una de las artistas nada clasificables en la música popular del presente, Luvi Torres trae la raíz folklórica que halló por los caminos y a la vez relee sonidos rituales, experimentando sin quietudes de género y formato, pero sin perder el espesor de cada ritmo. "Puntualmente, la voz me lleva hacia esos lugares donde el ritmo va cambiando: es una canalización. Después una trabaja sobre eso, pero las ideas, las canciones, van llegando naturalmente".

Habrá distintas maneras de nombrar a Ser el agua: a esas trece letras alrededor del amor, la fe y la naturaleza, de lo que se va dejando ir "para ser y estar", en el disco, que concibió en forma independiente en compañía de Carolina Grinspan en batería y clarinete. Los coros se funden a los de Martín Longoni, él en bajo, guitarra, y resuenan junto a la voz, el ‘bichito cordobés' (una especie de charango que le fabricó un luthier amigo), las guitarras y percusiones de la propia Luvi Torres. Ella, en la voz que se despliega con suavidad, contiene a la otra: la de la potencia en los escenarios, cuando apenas abre los labios en púrpura y, alrededor, se dibujan dos líneas en la piel, acentuando la forma de las mejillas. "En los conciertos me pasan miles de cosas. Hay gente que se me acerca llorando, esas cosas que están más allá de uno. Ahí me doy cuenta de que mi búsqueda con el sonido, el transcurrir, el camino, es sanación. Y a los otros también les llega".

Al cerrar los ojos lo ve. "Por eso este conflicto que yo tengo entre el saber y el sentir. Todavía siento que me falta saber. Lo que a mí me motiva es decir: ‘Esta gente me está llamando'. Cuando me dicen: ‘Che, ¿me podés acompañar en esto?', yo pienso: todos podemos hacer nuestras canciones, o tener nuestra propia creación donde vibrar. Eso es sanidad. Vibrar en nuestro propio ser"...

(La nota completa en Sudestada nº 121, agosto de 2013)

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Autor

Patricio Féminis